LA CONCLUSIÓN SALOMÓNICA

Puedo terminar este libro diciendo que ya todo está dicho. Todo lo que debemos hacer es alabar a Dios y obedecerlo. Un día Dios nos llamará a cuentas por todo lo que hayamos hecho, tanto lo bueno como lo malo, aunque creamos que nadie nos vio hacerlo.

—Eclesiastés 12:13-14, Biblia Traducción en lenguaje actual – TLA

Inicio, proceso, fin. Esas tres palabras resumen toda la obra del ser humano. Salomón también tuvo que llegar a la conclusión del mejor de sus discursos: «El Eclesiastés». Después de exponer los resultados de su experiencia de vida aquí en la tierra, él resume en dos sentencias toda la razón de la vida humana: 1) Teme a Dios; 2) guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. También nos recuerda que viene un día cuando todos daremos cuentas en el juicio final.

Para comprender qué significa «Temer a Dios», en este contexto, es necesario dejar claro que la palabra hebrea que se traduce «teme» significa más que terror, pues tiene la idea de «respeto, temor, y reverencia». Efectivamente, ¡los que temen a Dios son liberados de todo terror!, Tal como el rey David declaró: «Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores. […] El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos. […]Teman al Señor, ustedes sus santos, pues nada les falta a los que le temen.

Sin embargo, no tememos a Dios con la perfección y santidad que él exige (Mateo 5:48) Es por eso que somos merecedores de toda la ira de Dios. Gracias a los méritos de Jesucristo, quien obedeció perfectamente en lugar de nosotros y fue a la cruz a recibir nuestro castigo para salvarnos de la condenación, es que podemos confiados decir: «Por los méritos de Jesucristo estoy en paz con Dios». En gratitud por tanto amor vamos a querer temer, amar y confiar en Dios por sobre todas las cosas.

Oración:

Señor, un día vendrá Jesucristo a juzgar al mundo entero y puesto que nací pecador y todavía tropiezo con el pecado merezco escuchar que me castigas a la condenación eterna. Pero no quiero eso para mí. Tú enviaste a Jesucristo como mi doble sustituto para que en lugar de mí obedezca perfectamente tu voluntad y para su pago en la cruz por mis pecados me sea acreditado a mí favor. Te doy gracias por tu misericordia hacia nosotros pobres pecadores. Te suplico que mediante tu evangelio me fortalezcas en la verdadera fe para la vida eterna.. Amén.

 

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