(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 6:14–44)

VENDRÁ EL DESEADO DE TODAS LAS NACIONES

Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; haré temblar a todas las naciones; vendrá el Deseado de todas las naciones y llenaré de gloria esta Casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria de esta segunda Casa será mayor que la de la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.

—Hageo 2:6-9, Reina Valera 1995

¿Recuerda alguna ocasión en que sintió tanto miedo que se quedó paralizado? El pueblo que retornó a tierra de Israel para reconstruir la capital y el santuario tenía que enfrentar muchos desafíos que obstaculizaban su labor. Algunos de estos desafíos eran de tal magnitud que podían paralizar de miedo a cualquiera. Para fortalecer el corazón temeroso de ellos Dios habla identificándose como «Jehová de los ejércitos». Dice esto porque él cuenta con innumerables ejércitos espirituales a su servicio (cf. 2 Reyes 6:15, 16, 17). Pero Dios no necesita ni uno solo de tales ejércitos pues él mismo es todopoderoso. Por tanto no debería sorprender que diga: «De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; haré temblar a todas las naciones». Pero ese temblar no necesariamente se refiere a un Cataclismo. El contexto refiere ese temblar junto al anuncio de la venida del Deseado de las naciones. ¿Qué significa esto?

La llegada del Deseado de las naciones fue el mayor evento de la historia. El Deseado de las naciones no es otro que Jesucristo y lo que sucedió en Belén aquella Navidad, hace más de dos mil años, aún está repercutiendo entre las naciones. Pues por el evangelio predicado ¡El Salvador vino a todos los pueblos! El término hebreo «goyim» traducido «naciones» todavía es usado hoy por los judíos para referirse a los gentiles. Las naciones, es decir, los gentiles, miran al Salvador venidero como los sedientos miran los oasis del desierto y encuentran en él un verdadero manantial refrescante de agua de vida que produce un alivio tal que anhelan a Jesucristo como la amada a su amado. Así se cumple la profecía de Hageo. Si bien la gloria del templo construido por Salomón fue grande, pues Dios mismo vino allí, ahora la profecía anuncia que la gloria de la segunda casa será mayor que la primera. Así fue, pues Jesucristo (la gloria mayor) entró en persona muchas veces al santuario reconstruido por los judíos y embellecido por Herodes. Sin embargo la profecía apunta a los gentiles; y el templo para los gentiles no se ubica en Jerusalén, pues ese templo es la iglesia. La iglesia es, la casa de Dios que tiene la mayor gloria pues es su gloria es el Deseado de las naciones. Esa iglesia que, en la venida de Cristo, es triunfante y gloriosa.

Oracion:

Gracias Señor te doy, pues toda gloria nuestra es solo el reflejo de tu gloria. Concédeme crecer de gloria en gloria conforme tu santa voluntad. Amén. 

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