¡QUÉ GRAN DESPLIEGUE!

Sobre este monte, el Señor Todopoderoso preparará para todos los pueblos un banquete de manjares especiales, un banquete de vinos añejos, de manjares especiales y de selectos vinos añejos. Isaías 25:6

La comida fue espléndida: Unos miembros de la congregación nos habían invitado al hotel más lujoso de la ciudad para el almuerzo del domingo. Cuando pasamos por las numerosas mesas llenas de exquisita comida, no sabíamos por dónde comenzar.

¡Qué variedad es la que el Señor ha preparado! Isaías la describe como una fiesta en la que se descorcha el vino más excepcional y se sirven los más finos cortes de carne. La mesa del banquete de Dios está sosteniendo el peso de lo mejor de las comidas. Y yo estoy invitado. No sé por qué. Aquellos miembros me llevaron a ese almuerzo porque yo era su pastor. Dios me sienta a su mesa, no por lo que yo soy, sino por lo que él es. Él es un Dios de amor; en ningún momento brilla su amor con mayor esplendor que cuando invita a su mesa de salvación a pecadores que no lo merecen.

En el Calvario, su amor resplandeció tan brillantemente como cuando preparó la espléndida comida para la mesa de su banquete. El amor puso a su Hijo en la cruz, en mi lugar. El amor hizo que su Hijo muriera en pago por mis pecados. El amor levantó a su Hijo de la tumba para proclamar que mis pecados se han ido. Ahora, el amor despliega en la mesa el delicioso alimento para mi alma: el perdón de mis pecados, la vida y la salvación que necesito.

Dios me invita a su banquete del domingo para alimentarme con abundancia por medio de la Palabra que escucho en la iglesia y por medio de su Santa Cena. Y cada día me invita a tomar un tenedor y ahondar en su Palabra.

Oración:

Señor, te pido que me alimentes con tu Palabra hasta que en el cielo mi alma ya no necesite tu perdón. Amén.