EL PURIFICADOR HA VENIDO

Pero ¿quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién podrá mantenerse en pie cuando él aparezca? Porque será como fuego de fundidor o lejía de lavandero. Malaquías 3:2

Trabajando con un mecánico amigo, en su taller, terminé con las manos ennegrecidas de grasa. “Ven”, me dijo, y me entregó un jabón especial; “intenta con esto”. Y mis manos quedaron completamente limpias.

Malaquías dice que el Salvador venidero es “lejía [jabón] de lavandero”. La palabra se refiere a un jabón fuerte como el que me dio el mecánico; como ese jabón, el Salvador venidero iba a limpiar los corazones humanos de la grasa del pecado, imposible de quitar. El profeta dijo también que el Salvador venidero es “fuego de fundidor”. Como un súper caliente horno de fundición, el Salvador venidero iba a derretir las impurezas del pecado en los corazones humanos. Los corazones que el Salvador ha purificado no tienen que sentir temor, porque se van a mantener en pie como santos cuando él regrese el día del juicio. Pero los corazones que rechazaron a Cristo van a arder como el fuego bajo el horno de fundición, o serán consumidos como la lejía que se come toda la grasa. Por su incredulidad, llevarán sus pecados al tormento del infierno que nunca termina.

¿Quién vino por mí en la Navidad? Gracias a Dios, puedo responder; “Jesús, el que me purifica de pecado”. Él fue manchado con mis pecados, para que yo pudiera ser lavado por su sangre; él vino para que yo pudiera ir por todo el camino a su cielo. Él vino también para ayudarme a estar siempre apartado de la grasa del pecado. Aunque todavía mancho mi vida, también esas manchas son quitadas. Por la obra de Jesús, puedo decir: “No soy lo que debería ser; no soy lo que quisiera ser; no soy lo que espero ser; pero por la gracia de Dios, ya no soy lo que fui”.

Oración:

Amoroso Salvador, te pido que me limpies de la grasa del pecado y me des el poder para luchar contra él. Amén.