BENDITO EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL SEÑOR

Bendito el hombre que confía en el Señor,

y pone su confianza en él.

Será como un árbol plantado junto al agua,

que extiende sus raíces hacia la corriente;

no teme que llegue el calor,

y sus hojas están siempre verdes.

En época de sequía no se angustia,

y nunca deja de dar fruto.»

—Jeremías 17:7,8

Muchos de nosotros queremos ser cristianos fructíferos. Para lograrlo pensamos que necesitamos hacer nuestro mejor esfuerzo. Pero muchas veces descubrimos, con gran frustración, cuán limitados somos. Esa fue la experiencia del apóstol Pedro. Él pensaba que podía ser fiel y no negar a Cristo. La prueba demostró lo contrario. Sin embargo el profeta Jeremías nos habla de personas que creen en el Señor y que son fructíferos. ¿Cómo es posible?

Utilizando la figura que usa el Salmo 1, Jeremías describe a una persona que es como un árbol que está plantado junto a una fuente de agua que nunca se agota, y que por lo mismo siempre está verde y dando fruto. No teme ni en los tiempos más difíciles ni en los calurosos.

Esta es la descripción del creyente que confía en el Señor. Vive cerca de la fuente de agua viva que fluye de las Escrituras, la que le proporciona la comunión con Dios mismo. Por causa de esa agua que da vida, que fluye de esta fuente de vida, se puede mantener en pie hasta en los tiempos más duros. Jeremías quiere que sepamos que él también había encontrado esa fuerza en el Señor. Fue su fe sola, sostenida y alimentada por la Palabra, la que lo pudo capacitar para ser fiel a su llamamiento y lo había sostenido firme frente a la fuerte oposición que había encontrado. ¿Cómo tener esa fe tan firme?

Por nosotros mismos no podemos tener fe ni ser afirmados en ella. La fe es un don que Dios imparte gratuitamente al ser humano por sus medios de gracia (el evangelio y los sacramentos del bautizo y la Santa Cena). Por esos mismos medios la fe es fortalecida. Cuando el evangelio es adulterado (añadiéndole reglas para hacerlo ley) no fortalece la fe y ésta puede debilitarse e incluso perderse (Gálatas 1:6-7; Lucas 8:11-15).

Oración:

Señor, te doy gracias por el evangelio, el bautizo y la Santa Cena que son tus medios de gracia por los que me das la verdadera fe y me afirmas en ella. Te suplico abras mis oídos para que oyendo crea y creyendo confíe siempre en ti para vida eterna. Amén.

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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