“¡Dame un espíritu dispuesto a obedecerte!” (Salmo 51:12)

UN CORAZÓN DISPUESTO

Sabrina lloró cuando sus padres la descubrieron fumando. Estaba avergonzada por haberlos desobedecido y decepcionado. Eso fue la semana pasada. Hoy sus amigas la están presionando delante de las otras muchachas para “unas cuantas bocanadas”. Sabrina sabe que sus padres no se enterarán esta vez. Sin embargo, las lágrimas derramadas la semana pasada reflejan un cambio de actitud respecto a desobedecer a sus padres. Sabrina duda por un momento, porque tiene miedo de qué dirán las muchachas si no lo hace. Pero luego rechaza la oferta que le hacen.

Llega un tiempo después de arrepentirnos en que tenemos la oportunidad de repetir ese pecado. David sabía que habría más luchas entre su naturaleza pecaminosa y su nuevo ser. El rey David sabía que no había experimentado su última tentación. ¿Qué haría la próxima vez que se le presentara una oportunidad similar? Su caída en pecado había sido dolorosa. No quería repetir el pecado. Así que oró por un espíritu dispuesto a seguir al Señor, un corazón que obedeciera la próxima vez que fuera tentado.

Ahora, es bueno pedir a Dios que nos dé fuerzas para soportar la tentación y pedirle que nos aleje de la tentación. Después de todo, Jesús nos enseñó a orar: “No nos dejes caer en tentación”. Pero en esa oración, algunas veces nos enfocamos más en la naturaleza de la tentación que en lo que Dios realmente quiere que nos enfoquemos: la naturaleza de su ayuda. Concentrarnos en la tentación puede ayudarnos a analizar cuándo y dónde pueda ocurrir, pero llevar nuestros pensamientos hacia Dios y pedir su ayuda aumenta la fe y la disposición que tenemos para resistir la tentación.

De diversas maneras, Dios puede aumentar nuestra capacidad para resistir la tentación. El creyente mira al Señor y dice: “Quiero seguir la senda de tus mandamientos, porque tú le das libertad a mi corazón” (Salmo 119:32). El Señor fortalece la gratitud del creyente por el perdón que le concede. Ayuda a que los creyentes vean que Satanás miente cuando promete que este o aquel pecado tiene beneficios que valen la pena. Llena los corazones con la amplitud y profundidad de su amor. En esos corazones no hay lugar para el pecado. Esos corazones están dispuestos a resistir la tentación.

Oración:

Querido Padre, soy tuyo. Me diste a tu Hijo para poder servirte a ti y no a mis deseos pecaminosos. Al considerar mi vida, me doy cuenta de que tú has sido mi roca cuando he temblado ante la tentación. Has sido mi refugio durante las tormentas de las mentiras de Satanás. Guárdame de caer en pecado. Amén.

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