(Lectura de la Biblia en tres años: Josué 14:6–15:12, Lucas 8:19–25)

EL MES DE AVIV

Moisés le dijo al pueblo: «Acuérdense de este día en que salen de Egipto, país donde han sido esclavos y de donde el Señor los saca desplegando su poder. No coman pan con levadura. Ustedes salen hoy, en el mes de aviv»

—Éxodo 13:3–4

Egipto había sometido al pueblo de Israel bajo el yugo de la esclavitud por cuatrocientos años. Dios usó a Moisés para liberarlos y los llamó a ser su pueblo elegido y santo sacerdocio para que anuncien la misericordia del Señor y preparen la venida del Mesías. La Pascua enfoca en el propósito y misión del Mesías. Dios quiso que los israelitas celebren su inicio del año compartiendo una comida de comunión y dedicando tiempo para alimentarse de la palabra de Dios (Éxodo 12:8, 25–28). El mes designado fue aviv (abril). Así, el pueblo de Israel iniciaría su nuevo año con la mente puesta en cómo Dios los rescató y en el propósito para el que fueron hechos nación santa. Pero los israelitas olvidaron a Dios y dejaron de esperar al Mesías. Solo un pequeño remanente, que permaneció fiel, pudo ser testigo de la venida de Cristo en carne. (Juan 1:11; Romanos 9:27).

La iglesia instituida por Cristo no celebra la Pascua judía. Pero sí celebramos a Cristo, nuestra Pascua, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (1 Corintios 5:6; Juan 1:29). Cada semana nos reunimos para celebrar que Cristo resucitó, y nosotros junto con Él, a una vida nueva. Celebramos, en Adviento, la primera venida, meditando en que viene de nuevo. En navidad, celebramos la encarnación y en Epifanía su manifestación. En cuaresma celebramos su victoria sobre el pecado, al obedecer perfectamente la voluntad de Dios en lugar nuestro. En Pascua hacemos memoria de su muerte en la cruz para pagar nuestros pecados y en Pentecostés que envió el Espíritu Santo para habitar su templo que es la Iglesia. Cuando el Señor mandó santificar el reposo quiso que dedicáramos tiempo para el descanso de nuestras almas. Solo la palabra de evangelio del Señor puede dar tal descanso. Dios quiere que le temamos y amemos de tal modo que no despreciemos su palabra ni la prédica de ella; sino que la consideremos santa, la oigamos y aprendamos de buena voluntad. Puesto que no obedecimos perfectamente somos merecedores de la ira de Dios. Gracias a Cristo hemos sido redimidos. En gratitud queremos vivir con la mente puesta en su venida y «estando en espera de estas cosas, procura[mos] con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.». (2 Pedro 3:14)

Oración:

Señor, en gratitud a tu amor incondicional, por el que me has hecho parte del reino de Jesucristo, quiero vivir en obediencia a él. Concédeme, te suplico, temer y amar a Dios, de modo que no desprecie tu palabra, ni la prédica de ella; sino que la considere santa, la oiga, aprenda y la obedezca de buena voluntad. Amén.

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