ENTENDIENDO LA GRACIA

De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia.

– Juan 1:16

¿Qué significa la palabra «gracia» en la Biblia?

Cierta vez mi padre me envió a recoger unos documentos a una casa que yo no conocía. Toqué el timbre de la puerta y a la persona que abrió le expliqué la razón por la que estaba yo allí. No supe qué responder cuando esa persona me preguntó: -¿Cuál es su gracia?

Nunca había escuchado una pregunta así. Más tarde me enteré que esa era una forma muy antigua de preguntar: ¿Cuál es tu nombre? La palabra gracia es usada en español con diferentes significados. Cuando leemos la Biblia necesitamos entender la palabra «gracia» con el significado que la misma Biblia le da y no con el significado que le daría cualquier lector.

En el Nuevo Testamento la palabra gracia aparece más de 150 veces y es la traducción del término griego «járis» que se usa para expresar algo bello o agradable (1 Pedro 2:19, 20). Según el erudito R. C. Trench la gracia, en la Biblia, es «un favor hecho libremente, sin exigir o esperar reciprocidad […] Aristóteles, al definir “járis”, coloca todo el énfasis en esta misma idea: se da libremente, sin esperar una restitución, siendo el único móvil la liberalidad y generosidad del dador». El lexicógrafo Joseph H. Thayer dice: «La palabra “járis” encierra la idea de bondad que se muestra a alguien que no la ha merecido […]. Los escritores del Nuevo Testamento usan “járis” predominantemente al referirse a la bondad por la que Dios otorga favores incluso a aquellos que no lo merecen y concede a los pecadores el perdón de sus ofensas.»

Por esto podemos apreciar que la gracia no es un poder ni una fuerza que Dios infunde en el creyente. La gracia es atributo inseparable de Dios, no existe independientemente de él, como si fuese una entidad por sí sola. La gracia es la actitud bondadosa de Dios hacia el hombre rebelde y pecador. Por esto la gracia es entendida como el favor inmerecido con el que Dios trata al hombre por los méritos de Cristo.

Oración:

Señor, te doy gracias porque, aunque nací pecador y continuamente peco contra ti, tú extiendes tu favor hacía mí, gracias a los méritos de tu Hijo amado. Es solamente por su perfecta obediencia activa a tu voluntad en lugar mío, y por su sufrimiento, al asumir el castigo eterno en sustitución de mí, que tengo libre acceso a tu presencia por la eternidad. Amén.