¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿En quién se ha manifestado el brazo del Señor? (Isaías 53:1).

¿QUIÉN LO CREE?

Aproximadamente setecientos años antes del nacimiento de Jesús, el Espíritu Santo inspiró al profeta Isaías para escribir acerca del sufrimiento, de la muerte y resurrección del Mesías prometido. Escribió como si hubiera estado al pie de la cruz, como si la misión de Jesús de rescatar a los pecadores ya se hubiera cumplido. Predijo la victoria del Cristo, el Siervo del Señor.

El pueblo de la nación de Isaías, Israel, escuchó el mensaje que proclamó. Les habló sin rodeos a los israelitas acerca de sus pecados. Les predicó las buenas nuevas del Mesías, quien se humillaría para salvarlos de sus pecados y entonces resucitaría con gloria. “El brazo del Señor”, la salvación que obraría para ellos, se manifestaría. Pero, ¿quién creyó el anuncio de Isaías acerca del Salvador, el siervo del Señor? ¡No muchos! Muchos simplemente no lo creerían.

El Siervo del Señor sí vino. Y fue “herido por nuestros pecados” (Isaías 53:3). “Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:8,9).

¿Pero quién lo ha creído? Por naturaleza el mensaje de la cruz es una locura para la gente. Va más allá del entendimiento humano. Y, entonces, cuando nuestro Señor vino, la mayoría del pueblo de sus días lo rechazó, exactamente como la mayoría de las personas lo rechazan en nuestros días.

Y entonces, ¿cómo es que creemos y confesamos que Jesús es el Siervo del Señor, que nos ha redimido de nuestros pecados y preparado un hogar en el cielo para nosotros? Por naturaleza, nuestros pecados no son diferentes de aquellos que rechazaron el mensaje de Isaías. Como ellos, nacimos muertos en nuestros pecados. En esa condición de muerte espiritual, no podíamos creer en Cristo por nuestra propia razón o elección. Debemos nuestra fe al Espíritu Santo. Con esas buenas noticias que tenemos en el capítulo 53 de Isaías, el Espíritu ha penetrado en nuestro corazón de piedra y nos ha llamado a la fe en Jesús.

¡Qué frustrante debió haber sido para el profeta Isaías! Muchos no creerían su mensaje. Todavía resuenan en nuestros oídos sus palabras: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio?”. El apóstol Pablo expresó la misma queja y dijo: “Así que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Hemos escuchado el mensaje. Por el poder del Espíritu, creemos. En agradecimiento compartiremos las buenas nuevas para que los demás también puedan creer y vivir para su Señor y Salvador victorioso.

Oración:

Oh, espíritu de Dios, te agradecemos por llamarnos a la fe en Jesús. Danos valor y celo para compartir lo que creemos con los demás. Amén.

Comentarios

Comentarios