TRABAJANDO POR LA PAZ

Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.

– Romanos 12:16-18

El Imperio Romano tenía entre sus objetivos llevar paz (Pax Romana) a su territorio. Para propiciar esa paz, crearon un buen sistema judicial cuyos principios son todavía la base del derecho actual. Además mantenían contenta a la población suministrando agua potable a través de los famosos «acueductos romanos». Proveyeron baños de uso público en los que cualquiera podía bañarse gratuitamente (la gente de Roma era notoriamente limpia). También dieron el gratuito «pan y circo para el pueblo». Pero ese circo era violento; personas eran asesinadas o devoradas por animales para divertir a los romanos. No era extraño que los principales o el mismo emperador sean asesinados. La «Pax Romana» era una paz sangrienta.

La base de la paz no es la guerra, es el amor. Dios nos manda amarle con todo nuestro ser, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Nuestra naturaleza pecaminosa se opone precisamente a eso. El pecado es enemigo de la paz. No amamos a Dios ni a nuestro prójimo perfectamente como Dios lo manda y merecemos la condenación eterna. Pero Dios, en su misericordia envió a su Hijo para solucionar este problema. Cristo amó a Dios y al prójimo perfectamente en lugar de nosotros y fue castigado por nosotros. Por eso, en gratitud queremos amar a Dios y al prójimo y, al hacerlo, sembramos paz.

Jesucristo, el Príncipe de Paz, dijo que su reino no es de este mundo. Por tanto este mundo malvado no se beneficia directamente con la paz de su reino. Pero sí se beneficia por la presencia de los hijos del reino, que trabajan por la paz y la promueven. Ellos no usan medios violentos ni se levantan contra los gobiernos exigiendo paz de vez en cuando. Los cristianos practican sus hábitos de paz cada día, y cada momento pues están en paz consigo mismos y con Dios. No solo oran pidiendo por los gobernantes a fin de que haya paz, sino que también procuran vivir en paz con todos. Hacen esto en gratitud a Dios por la doble sustitución obrada por Cristo. Solo quienes conocen el perdón divino y la paz que trae el evangelio pueden realmente promover la paz. «Dios envió su mensaje al pueblo de Israel, anunciando las buenas nuevas de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos» (Hechos 10:36).

Oración:

Príncipe de Paz, te doy gracias porque gracias a ti y tus méritos estoy en paz con Dios. Concédeme no solo vivir en paz con mi prójimo sino también llevar tu paz por donde tú me lleves. Amén.