¿QUÉ PEDIRÍA YO?

― ¿Qué quieres que haga por ti? —le preguntó. ―Rabí, quiero ver —respondió el ciego. ―Puedes irte —le dijo Jesús—; tu fe te ha sanado. Al momento recobró la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino. Marcos 10:51,52

El genio les ofreció concederles tres deseos a los tres hombres abandonados en una isla desierta. “Deseo estar de vuelta en casa”, dijo el primero, y se fue a casa. “Yo deseo estar en el juego de la Serie Mundial”, pidió el segundo, y de nuevo se le concedió. “Cómo extraño a esos amigos”, dijo el tercero. “Yo quiero que vuelvan”.

El ofrecimiento de Jesús es mucho más objetivo e importante; cuando él pregunte: “¿Qué quieres que haga por ti?”, ¿cómo responderé yo? Aquel día, el mendigo ciego le pidió la visión; su súplica, “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”, revela la clase de visión que le estaba pidiendo. El ciego quería que no solo sus ojos vieran, sino que también su corazón viera; acudió a Jesús como el prometido Salvador que había de venir de la descendencia de David. Apeló solo a la misericordia del Salvador, reconociendo que no tenía ningún mérito propio. Eso es fe. Esa fe se expresó en la manera en que el mendigo caminó con Jesús a lo largo del camino que lo llevaba a Jerusalén y a la cruz.

Señor Jesús, ¡cuánto aprecio tu ofrecimiento! Hay muchas cosas que necesito de ti, podría traer delante de ti una larga lista de peticiones. Pero, ante todas las cosas, necesito la vista que tú le diste al corazón de aquel ciego; que le des a mi corazón la misma visión espiritual 20/20. Necesito crecer en fe hacia ti, Cordero del Calvario, Salvador divino.

Oración:

Amado Señor Jesús, te pido que, por tu misericordia, me escuches cuando te pido la vista espiritual. Amén.