LAS PREGUNTAS PARA JOB

Si de veras sabes tanto, dime dónde estabas cuando puse las bases de la tierra. ¡Tú no sabes quién la midió metro a metro, quién puso la primera piedra y en qué descansan sus cimientos! ¡Tú no estabas allí, mientras cantaban las estrellas y los ángeles danzaban!

— Job 38:4-7 (TLA)

Job es uno de los más notables siervos de Dios (Ezequiel 14:12-14, 19-20). Sin embargo, como todos nosotros, Job tenía el orgullo pecaminoso que no nos deja percibir cuán pecadores somos. Por esto Dios confronta a Job y lo pone a prueba para despojarlo de su orgullo, para conducirlo a confiar más firmemente en Jehová su Dios. El Señor comienza con una pregunta realmente estremecedora: «¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?».

El Señor pregunta a Job: «¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra? ¡Dímelo, si de veras sabes tanto!» (Job 38.4). Así, Dios despierta a Job a esta realidad: el conocimiento humano es muy limitado, lo mismo que su sabiduría. «Como dice la Escritura: “Haré que los sabios pierdan su sabiduría y que desaparezca la inteligencia de los inteligentes.” ¿En qué pararon el sabio, y el maestro, y el que sabe discutir sobre cosas de este mundo? ¡Dios ha convertido en tontería la sabiduría de este mundo!» (1 Corintios 1:19, DHH).

El único conocimiento certero que el hombre tiene a su alcance es el conocimiento revelado por Dios en la Biblia, pues escrito está: «Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre» (Deuteronomio 29:29). Por esto, lo verdaderamente sabio es hablar lo que la Biblia habla y callar en lo que la Biblia calla. Por ejemplo, ¿En cuál de los días de la Creación fueron creados los ángeles? La Biblia no lo dice explícitamente; basta saber que fueron creados, y lo aceptamos con gratitud.

De igual modo, cuando Jesús dijo que el pan de la Cena del Señor «es» su cuerpo y el vino «es» su sangre, no nos atrevemos a decir que tal pan «se convierte en» (o transubstancia en) su cuerpo. Tampoco nos atrevemos a decir que ese pan solo «simboliza» (es decir, «no es») su cuerpo. Puesto que Cristo dijo que ese pan es su cuerpo, lo aceptamos y no tratamos de razonarlo. Pero ¿cómo puede ser su cuerpo? No lo sabemos, lo creemos. ¿Cómo puede Dios resucitar un cuerpo muerto hace casi cuatro mil años? No sabemos, lo aceptamos y creemos porque lo dice la Biblia

Oración:

Señor, te doy gracias por tu palabra. Con ella me muestras mi pecado y mi necesidad de salvación y con tu evangelio me das fe salvadora. Saber que tu Hijo fue mi doble sustituto cuando obedeció tu voluntad perfectamente en lugar de mí y que murió para pagar mi culpa es el mejor conocimiento. Amén.

(1 Corintios 2:1,2)

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