LA DICHA ES SER DE CORAZÓN LIMPIO

Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8

Durante los días de Jesús sobre la tierra, la gente pensaba que el corazón era el asiento de la vida; y todavía pensamos de esa manera. Por eso, yo entiendo que Jesús se refiere a cada parte de mí; a mis pensamientos, palabras y acciones. La palabra “limpio” no deja duda sobre cómo quiere Jesús que yo sea: él, el santo Señor, exige que yo sea santo; quiere una vida que no tenga insectos en el parabrisas, ni suciedad en las ruedas, solo pureza, ausencia de pecado. ¿No está pidiendo lo imposible? Por mí mismo no puedo limpiar un solo pecado del parabrisas de mi vida, ni impedir que un solo pecado siga manchando mi vida. Jesús vino a hacer lo que yo no puedo hacer: obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar mío, murió en la cruz para limpiar mi corazón de todo pecado y presentarlo sin mancha delante de mi Dios.

Y ahora quiere que mi corazón puro se muestre en mi vida. “Sea puro de corazón”, dice él refiriéndose a todos mis pensamientos, palabras y actos. Aquí, sobre la tierra, no voy a alcanzar ese ideal; mi vida va a seguir contaminada por el pecado de cada día; pero no me voy a quedar así. Como cuando se va en bicicleta subiendo una colina, si no estoy pedaleando siempre hacia adelante, voy a estar rodando hacia atrás. Necesito la fuerza para moverme hacia adelante, que viene de Jesús por medio de su Palabra.

Y hace de nuevo una promesa para darme ánimo: dice, sobre los de corazón limpio, que “ellos verán a Dios”. En el cielo, voy a ver a Dios en toda su plenitud; aquí en la tierra lo veo en su Palabra; en ella están descritos para mí su amor, su cuidado y sus caminos. Cuanto más vea yo su amoroso rostro en su Palabra, más poder voy a tener para seguir impulsando la bicicleta de la santidad subiendo por la colina de mi vida; y también para hallar alegría en hacerlo.

Oración:

Señor, te pido que crees un corazón nuevo dentro de mí, que conozca al Salvador y tenga el deseo profundo y constante de seguir sus caminos. Amén.