—Génesis 15:6

Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Salmo 34:6,8

Este pobre clamó, y el SEÑOR le oyó

y lo libró de todas sus angustias. […]

Prueben y vean que el SEÑOR es bueno;

dichosos los que en él se refugian.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Éxodo 34:6,7 RV60

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Lucas 12:20–21

Pero Dios le dijo: «¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?»

Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Lucas 12:1–3

Mientras tanto, se habían reunido millares de personas, tantas que se atropellaban unas a otras. Jesús comenzó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, o sea, de la hipocresía. No hay nada encubierto que no llegue a revelarse, ni nada escondido que no llegue a conocerse.[…]»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Colosenses 3:1–3

Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Eclesiastés 1:1; 2:18,19 RV95

«Vanidad de vanidades —dijo el Predicador—; vanidad de vanidades, todo es vanidad». […] aborrecí todo el trabajo que había hecho debajo del sol, y que habré de dejar a otro que vendrá después de mí. Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se adueñe de todo el trabajo en que me afané y en el que ocupé mi sabiduría debajo del sol? Esto también es vanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Éxodo 30:1,6

Haz un altar de madera de acacia para quemar incienso. […] Pon el altar frente a la cortina que está ante el arca del pacto, es decir, ante el propiciatorio que está sobre el arca, que es donde me reuniré contigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Mateo 23:37–39

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste! Pues bien, la casa de ustedes va a quedar abandonada. Y les advierto que ya no volverán a verme hasta que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Salmo 6:5

En la muerte nadie te recuerda;

en el sepulcro, ¿quién te alabará?