— Mateo 11:11-12

Les aseguro que entre los mortales no se ha levantado nadie más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él. 

 

 

 

— Mateo 11:28-30

En aquel tiempo Jesús dijo: […] Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana. 

 

 

 

— Mateo 18:10,14

Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial. […] El Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños.

 

 

 

— Isaías 35:3-6

Fortalezcan las manos débiles, afirmen las rodillas temblorosas; digan a los de corazón temeroso: «Sean fuertes, no tengan miedo. Su Dios vendrá, vendrá con venganza; con retribución divina vendrá.» Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; saltará el cojo como un ciervo, y gritará de alegría la lengua del mudo. 

 

 

 

— Filipenses 1:30-11

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. […] Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, para que disciernan lo que es mejor, y sean puros e irreprochables para el día de Cristo, llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. 

 

 

 

— Lucas 1:28-29

Por tanto, Jehová, que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: 

El ángel se acercó a ella y le dijo:  

—¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.  

Ante estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo.  

 

 

 

 

— Isaías 29:22-24, Reina Valera 1995

Por tanto, Jehová, que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: 

«No será ahora avergonzado Jacob ni su rostro palidecerá, porque verá a sus hijos, que al considerar la obra de mis manos en medio de ellos, santificarán mi nombre. Santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel. Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia y los murmuradores aprenderán la lección.»  

 

 

 

 

— Mateo 7:24-27

Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina. 

 

 

 

 

— Mateo 15:32-33

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 

—Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer. No quiero despedirlos sin comer, no sea que se desmayen por el camino. 

Los discípulos objetaron: 

—¿Dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado suficiente pan para dar de comer a toda esta multitud? 

 

 

 

 

— Lucas 10:21

En aquel momento Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo escondido estas cosas de los sabios e instruidos, se las has revelado a los que son como niños. Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad.