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“Tú sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).

Ellos saben el resultado

No creo que muchos de nosotros lleguemos a ponernos una corona en nuestra vida. En algunas sociedades, las personas usan coronas porque pertenecen a las familias reales. En nuestra sociedad, damos coronas a las ganadoras de concursos de belleza.

Una corona es señal de éxito. En los antiguos campeonatos de atletismo, se entregaba una corona al ganador de una carrera. El atleta se había esforzado mucho, había entrenado y perseverado, y finalmente había salido adelante. Entonces le ponían una corona de laureles.

Se acerca el día en que recibiremos una corona. Nuestro Salvador tiene una maravillosa corona preparada para nosotros. Es un don que él ganó con su vida perfecta y su muerte inocente. Se esforzó; perseveró; salió delante de todos. Fue el mayor logro de todos los tiempos. Ganó la batalla contra el pecado, la muerte y el infierno. Él es el vencedor.

Nosotros somos los que cosechamos los beneficios. Por medio de la fe en él, recibiremos el premio, la corona de la vida. De perdón y consuelo en esta vida y bendiciones celestiales en la eternidad, de todo eso está hecha nuestra corona. Es nuestra como un don gratuito a causa de lo que Jesús hizo.

El próximo mes celebraremos el nacimiento de nuestro Rey. Merece la corona, tanto de realeza como de campeón supremo. Él ofrece esa misma corona a toda la gente. Mediante el evangelio invita a todos a formar parte de esta familia real. Por medio del mensaje que hablamos, ellos pueden participar en todo lo que él logró y recibir la corona de vida junto con nosotros.

Seamos fieles; será un desafío. Satanás lanzará obstáculos en nuestro camino. Nuestra naturaleza pecaminosa nos recomendará darnos por vencidos. La gente que nos rodea será poco receptiva, pero con el poder del Espíritu Santo y por la gracia de Dios, podemos resistir y lo haremos. El resultado está asegurado. Nuestra corona nos espera. Mantengamos en nuestro corazón las buenas noticias y con audacia y con seguridad proclamémoslas para que otros también reciban la corona de la vida.

Oración:

Alabado seas, Rey celestial, por tu maravillosa victoria sobre nuestros enemigos.Guárdanos fieles a tu evangelio, para que todos podamos recibir tu corona de la vida eterna. Que tu reino venga a muchos que todavía no gozan la paz y las bendiciones. Abre sus corazones para que ellos crean y para que nos acompañen a alabartu nombre. Amén.

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