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“Después de esto vi aparecer una gran multitud… Era imposible saber su número”(Apocalipsis 7:9).

Contemple la multitud vestida de ropas blancas —trate de contarla

Al apóstol Juan se le acababa de informar que los siervos de Dios eran ciento cuarenta y cuatro mil (versículo 4). En una visión vio que los ángeles de Dios pusieron el sello de Dios en la frente de ellos, para identificar a los que le pertenecían en esta vida y en la vida venidera.

¿Quiere decir esto que se salvarán exacta y solamente ciento cuarenta y cuatro mil personas? Tomamos la Biblia en el sentido claro y literal, lo que significa que también reconocemos los símbolos legítimos y la figura retórica. Por ejemplo, cuando Jesús calificó a Herodes como un “zorro” (Lucas 13:32), es obvio que estaba hablando en forma figurada. De la misma manera, el número ciento cuarenta y cuatro mil es claramente figurativo o simbólico. Representa el número total de creyentes en Cristo desde el principio hasta el fin del mundo. Nos asegura que Dios conoce a todos los elegidos y no dejarán de heredar la vida eterna.

Sabemos que este número es figurativo porque Juan nos dice que, después de haber visto a las multitudes de los siervos de Dios y después de que se le dijo que eran ciento cuarenta y cuatro mil, vio “una gran multitud… Era imposible saber su número”. Cuando se mencionó que no se podía contar a una multitud de ciento cuarenta y cuatro mil personas, es obvio que el autor sagrado usa el número en un sentido simbólico. Se nos recuerda la promesa que hizo Dios a Abrahán de que su descendencia sería literalmente tan innumerable como las estrellas del cielo o como la arena del mar. Este es el caso de sus descendientes físicos, que incluiría tanto a los judíos como a los árabes y otros, y es el caso de sus descendientes espirituales, todos los que comparten la fe de Abrahán. ¿Quién de nosotros puede contarlos?

Si Juan hubiera visto de cerca las caras en la multitud, hubiera podido ver a Abrahán, Isaac, Jacob y muchos otros creyentes del Antiguo Testamento. Hubiera podido reconocer a sus hermanos apóstoles, excepto a Judas Iscariote. Y, ¡maravilla de maravillas!, lo habría visto a usted y a mí y a nuestros vecinos y amigos fieles cristianos. Habría visto a niños y nietos que no habían nacido todavía. Habría visto a todos los que Dios misericordiosamente eligió desde la eternidad, llamados por el evangelio, justificados mediante la fe en Cristo y glorificados —todos los creyentes fieles desde el principio hasta el fin del mundo.

Nos alegraremos para siempre de que esta multitud de ciento cuarenta y cuatro mil va realmente más allá de poder ser contada. Sin embargo, el uso simbólico de un número exacto nos recuerda que nuestro

Oración:

Padre celestial conoce a cada uno de nosotros por nuestro nombre. Padre misericordioso que estás en el cielo, te agradezco por amor a Jesús que me hayas llamado por nombre y me hayas contado para estar entre tus innumerables santos. Amén.

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