CUANDO LA GRACIA NO ES GRACIA

Y si es por gracia, ya no es por obras; porque en tal caso la gracia ya no sería gracia.

– Romanos 11:6

Tenía siete años de edad cuando una empresa promocionó su agua gaseosa en mi barrio. Un hombre bastante alto disfrazado de vikingo repartía gratuitamente la bebida desde un gran camión cisterna. Ante la convocatoria realizada desde el altavoz del vehículo, una multitud de señoras, niños, jóvenes, pobres y ricos acudió al lugar con cuanto recipiente podían llevar. Yo era el único que en ese momento estaba en casa y aún así junté diez litros de la refrescante bebida. ¿Cuánto me costó? ¡Nada! Era absolutamente gratis.

La Biblia usa la palabra gracia en relación con la salvación siempre con el sentido de ofrecer algo gratis. En su carta a los romanos San Pablo nos explica que si la salvación fuera por alguna obra que se requiera del ser humano, entonces la gracia ya no sería gracia. Si Dios pidiera que el hombre haga algo para tener la salvación, entonces la salvación no sería gratuita. Todo esto significa que Dios por su gracia (favor no merecido) ofrece gratuitamente la salvación a cada ser humano que llegue alguna vez a existir. Por tal motivo Pablo dice: «Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó» (Romanos 3:22-24). ¿Qué pide Dios al pecador a cambio de la salvación? ¡Nada!, absolutamente nada.

El arrepentimiento y la fe son indispensables en la salvación del hombre. Esto significa que ninguno se beneficia de la salvación si no hay fe ni arrepentimiento. Pero aun la fe y el arrepentimiento son dones que Dios otorga liberalmente. No son obras que Dios exija al hombre. ¿Cómo así? El arrepentimiento es una condición que sólo el Espíritu Santo puede crear en el corazón del ser humano y lo hace gratuitamente. Puesto que el arrepentimiento consta de dos elementos indispensables (contrición y fe), el Espíritu Santo usa la palabra de Dios para crearlos tal como la luz fue creada. Por medio de la ley el Espíritu Santo produce la contrición en el pecador y cuando éste está aterrorizado, el evangelio le consuela y otorga la fe salvadora: «por obra suya están ustedes en Cristo Jesús, […] para que, tal como está escrito: “El que se gloria, que se gloríe en el Señor”» (1 Corintios 1:30-31, Nueva Biblia de los Hispanos).

Oración:

Señor, gracias te doy porque por tu Espíritu Santo abriste mis ojos para que vea cuán pecador soy y cuánto necesito tu misericordia, y por haberme salvado y rescatado del poder de las tinieblas y finalmente trasladado al reino de tu amado Hijo. En gratitud quiero adorarte y servirte. Concédeme ser hallado un siervo fiel que no menosprecia tu gracia. Amén.