GRACIA BARATA Y GRACIA PRECIOSA

Dios los ha rescatado a ustedes de la vida sin sentido que heredaron de sus antepasados; y ustedes saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, que fue ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha.

– 1 Pedro 1:18-19, Dios Habla Hoy

«Dios ya hizo su parte para salvarte, ahora te toca hacer la tuya», afirman diversos predicadores. ¿Tienen razón? No. Dios no vende la salvación. Él la ofrece gratuitamente a todo aquel que cree. ¿Acaso la fe no es la parte que el ser humano tiene que hacer para ser salvo? No. La fe no es algo que los humanos producimos. La fe salvadora es un don que Dios otorga al pecador, aterrorizado por la ley, cuando oye el evangelio.

Mientras unos enseñan que con buenas obras como: dejar el mundo y la vida de pecado, leer la Biblia, asistir regularmente a una iglesia, portarse bien, es posible ganar el favor divino; hay otros que enseñan que Dios despóticamente decidió salvar a algunos pues así le plació y no le importó que los demás se condenen eternamente. Ambas posiciones rebajan la gracia de Dios a una gracia barata. Digo barata porque así dan a entender que Dios salva a los hombres a cambio de que hagan algo que le satisfaga. Algo fácil de hacer. Porque portarse bien y ser parte de una religión es algo que el hombre ha hecho siempre en toda religión. Por otra parte, enseñar que Dios elige proveer salvación solo a algunos es decir que Dios lo hace en su capricho soberano. La Biblia de ninguna manera enseña tales desaciertos. Según las Escrituras nadie puede comprar la salvación ni el favor de Dios. Nadie compró su gracia. Cuando Dios brinda la salvación gratuitamente, lo hace basado en los méritos de Cristo. ¿Qué significa esto?

Dios es santo, justo y perfecto (Salmos 99:9; 145:17; Mateo 5:48), por tanto, no acepta nada injusto en su presencia. Él no salva al hombre por salvarlo. Lo salva porque es lo justo, es decir, es correcto salvarlo. El pecado del ser humano fue completamente pagado y la justicia de Dios totalmente satisfecha por la doble sustitución que efectuó Jesucristo (Romanos 3:26). Pablo escribió: «No desecho la gracia de Dios; pues si la justicia dependiera de la ley, entonces por demás habría muerto Cristo» (Gálatas 2:21 RVC). La gracia de Dios no es barata; es preciosa porque es una gracia justa, santa y perfecta que basa su favor en los méritos de Cristo, en su preciosa sangre y valiosa vida ofrecida a favor de nosotros. Dios no quiere que rebajemos su gracia, sino que la apreciemos en su justo valor.

Oración:

Señor, no merezco tu favor ni tu perdón, pero tú me los otorgas gratuitamente por los méritos de Cristo mediante tu evangelio. Gracias, Señor, por tal amor. Amén.