MI CASA Y YO SERVIREMOS A JEHOVÁ

Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

– Josué 24:14-15 (RVR1960)

No todos los israelitas que fueron liberados de la esclavitud física en Egipto se convirtieron al Señor de todo corazón. Muchos de ellos continuaron adorando sus ídolos paganos. Este mal ejemplo facilitó que la nueva generación asimilara los ídolos de los paganos que vivían cerca de la gente de Israel. Aunque estos eran creyentes, pues habían recibido el regalo de la fe, no eran íntegros de corazón. Servían a Jehová y también adoraban ídolos.

Desde la muerte de Moisés, Josué sirvió al Señor conduciéndolos hacia la tierra prometida y estableciéndolos allí como habitantes. Cuando ya llegó al fin de sus días, convocó a las 12 tribus y les amonestó para que sean fieles en servir solo a Jehová, el Dios de la Biblia. Comenzó recordándoles que provenían de antepasados paganos y que aun así Dios los buscó y guardó milagrosamente para cumplir sus promesas pasadas. También les dio a ellos «una tierra que no trabajaron y ciudades que no construyeron. Vivieron en ellas y se alimentaron de viñedos y olivares que no plantaron» (Josué 24:12-13). Ellos nada merecían y todo lo que de Dios recibieron fue por pura gracia. Josué les advirtió que no apreciar los dones de Dios solo acarrearía cosas malas. Ante esto el pueblo unánime confesó su intención de servir exclusivamente a Jehová. La respuesta de Josué fue sorprendente: «No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados» (Josué 24:19, RVR1960).

Al igual que ellos, erramos al pensar que podemos agradar a Dios con nuestras buenas obras o con nuestros esfuerzos para ser santos. La verdad es que somos tan pecadores que aun lo bueno que hacemos es pecado y ofende a Dios (Isaías 64:6) de tal manera que solo somos merecedores de su eterna ira.

Jesucristo temió, amó y confió en Dios perfectamente en lugar de nosotros. Por amor, recibió en sí mismo toda la ira de Dios en lugar nuestro. Es únicamente por sus méritos que somos gratos ante Dios. En gratitud a este amor, que no merecemos, vamos a querer amar, temer y confiar en Dios sobre todas las cosas y también vamos a querer decir: «mi casa y yo serviremos a Jehová».

Oración:

Señor, gracias porque los méritos de Jesucristo son suficientes para que yo sea grato delante ti. Ayúdame servirte fielmente en gratitud. Amén.

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.