ESCUCHANDO LA VOZ DE DIOS

Si os dicen: “Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando”, responded: “¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?”. ¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido.

– Isaías 43:11-12 RV1995

Hace más de 500 años Martín Lutero escribió literatura que defendía la enseñanza bíblica de la salvación por la sola fe. Los líderes eclesiásticos de esa época y el emperador Carlos V le convocaron para que públicamente se retracte de sus escritos. Lutero les respondió: «A menos que me demuestren con claros pasajes de la Biblia en qué estoy equivocado, no puedo ni quiero retractarme. Dios me ayude».

Lutero tenía razón; no se puede decir una enseñanza viene de Dios o no, si no se presenta la evidencia clara en la Biblia. Toda enseñanza que de verdad es bíblica tiene por lo menos un pasaje claro en la Biblia que presenta tal enseñanza y varios otros pasajes que contribuyen a darle mayor claridad.

Cuando hay dudas acerca de lo que Dios realmente manda sobre algo, no necesitamos consultar a nadie excepto a Dios mismo. De eso trata el texto que hoy meditamos. Isaías deja claro dónde encontramos la verdadera respuesta de Dios: «¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido». En otras palabras: «¡A la Biblia!». Para los creyentes está claro que Dios tiene la solución y solamente oyen la voz de su Palabra. Isaías deja claro que la única fuente confiable para la luz y la verdad es la Palabra de Dios, la Biblia; fuera de ella sólo reina la oscuridad. Sin embargo, hoy es común que muchas personas busquen la respuesta de Dios en «un sentir» o algún sueño o visión. Hacer esto es menospreciar la clara Palabra de Dios, la Biblia. Es un pecado contra los tres primeros mandamientos. También rechazamos a Dios cuando colocamos la razón por encima de la Palabra de Dios, como cuando somos tentados a pensar que Adán y Eva no eran reales porque las serpientes no hablan, o que Jesús no cambió el agua en vino porque el vino embriaga.

Jesucristo apreció la Palabra de Dios usándola como única autoridad en fe y práctica. Lo hizo en lugar de nosotros y sufrió por nosotros el castigo por el pecado de menospreciar la Palabra de Dios. En gratitud vamos a querer apreciar y honrar a Dios al tener y usar la Biblia como única autoridad para las enseñanzas prácticas cristianas.

Oración:

Espíritu Santo, te doy gracias porque me hablas claramente en la Biblia. Te suplico que abras mi entendimiento para que comprenda las Escrituras. Amén.

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