PERDÓN COMPLETO

En [Cristo, ustedes] fueron circuncidados, no por mano humana sino con la circuncisión que consiste en despojarse del cuerpo pecaminoso. Esta circuncisión la efectuó Cristo. Ustedes la recibieron al ser sepultados con él en el bautismo.

– Colosenses 2:11

Antes de la encarnación de nuestro Señor Jesucristo, para ser parte del pueblo de Dios, había que ser circuncidado. El apóstol Pablo nos dice que los creyentes, al ser bautizados, recibieron la circuncisión no hecha por mano humana sino por Cristo. El bautismo es como usualmente llegamos a ser parte del pueblo de Dios. Es verdad que algunas personas forman parte del pueblo de Dios sin haber sido bautizados (por ejemplo, el criminal en la cruz al que Jesucristo le prometió que estaría en el paraíso). Pero también es verdad que Cristo instituyó el bautismo como la forma usual para ser parte del reino de Dios.

Como cristianos que creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, nos alegra saber que la salvación obtenida por Jesucristo a favor de nosotros nos es dada en el bautismo, y que el ser bautizados también significa que:

1. Dios «nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo» (Colosenses 1:13).

2. Así, Dios nos ha «pasado de la muerte a la vida» (Juan 5:24).

3. Dios ha inscrito nuestros nombres en el libro de la vida (Apocalipsis 21.27).

4. También nos ha adoptado como hijos suyos (Romanos 8:15). El apóstol Pablo nos dice que el Espíritu de Dios nos permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!». El profesor Armin J. Panning, nos dice que «Abbá es simplemente la palabra aramea para “padre”, y sería la forma común que usaría un niño para dirigirse a su progenitor al pedirle algo» (Romanos, en “La Biblia Popular”, página 134). En español decimos «papito».

Martín Lutero, comentando la oración que enseñó el Señor, y que conocemos como «Padre Nuestro», escribió: «Con estas palabras Dios nos invita cariñosamente a que creamos que él es nuestro verdadero Padre y nosotros sus verdaderos hijos, a fin de que le pidamos con valor y con plena confianza así como le piden los hijos amados a su amoroso padre» (Catecismo Menor). Sí, cuando fuimos bautizados Dios nos dio el nuevo nacimiento como hijos suyos, como lo dijo el apóstol Juan: «a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios» (Juan 1:12-13).

Oración:

Padre mío, te doy gracias que en el bautismo me hiciste tu hijo y miembro de tu familia de modo que confiadamente puedo invocarte: «Papá, Papito». Amén.