EL ASOMBRO DE LA NAVIDAD

“― ¿Cómo podrá suceder esto —le preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen? ―El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios.” Lucas 1:34,35

María conocía la biología: sabía que se necesitan dos personas para concebir un bebé; también sabía que ella era todavía virgen. Con gran asombro, tuvo que preguntar: “¿Cómo puede suceder esto?” La respuesta del ángel la debió dejar sin aliento: el Espíritu Santo iba a comenzar, milagrosamente, la vida humana de Jesús en su vientre.

El nacimiento virginal de Jesús, aunque cuestionado por algunos, es una enseñanza muy importante; nos recuerda que Jesús fue “el santo niño” así como le dijo el ángel a María. Si se añade un padre humano a la concepción de Jesús, se lo ha eliminado como el Salvador. Si hubiera nacido de un padre humano y una madre humana, Jesús hubiera heredado el mismo corazón pecaminoso que yo heredé. El nacimiento virginal me recuerda también que el nacimiento del Salvador es por completo obra de Dios; el hombre no tuvo parte en él. ¿Cómo podría un hombre llevar a cabo el increíble milagro del infinito amor de Dios, tomando la forma finita de un verdadero hombre? Ese milagro lleno de amor, es la gran obra de Dios.

“¿Cómo podrá suceder esto?”, preguntó María con asombro. Y también yo debo preguntar. ¿Cómo pudo Dios convertirse en humano? ¿Cómo pudo ser tan grande su amor por alguien como yo, que no lo merezco? ¿Cómo pudo obrar el milagro de plantar en mi corazón, por la fe, al Salvador, como puso a su Hijo en la concepción, debajo del corazón de María? La Navidad significa asombro, alegría más allá de toda medida, por los milagros del amor de Dios, para mí.

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Oración:

Señor, te pido que me ayudes a cantar en voz muy alta, de tu asombroso amor y lo que has hecho por mí en Jesús. Amén.