JESUCRISTO, EL SALVADOR

Jesucristo es “la piedra que desecharon ustedes los constructores, y que ha llegado a ser la piedra angular”. De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.

– Hechos 4:11-12

—Si usted conoce a Jesucristo—le dijo el asistente a un exitoso cantante popular—, todos sus problemas acabarán. No le faltará el dinero ni el éxito, y será muy feliz.

—Pero yo ya tengo todo eso—respondió, muy seguro el cantante—y, por lo que veo, Jesucristo todavía no te lo ha dado a ti.

Hoy mucha gente, al igual que este asistente, confía en Jesucristo como su sanador, hacedor de milagros e incluso como la fuente de prosperidad material, pero no le conocen como lo que él realmente es: el Salvador. Cuando Jesucristo comenzó su ministerio en la tierra, fue precedido por Juan el Bautista. En una ocasión Juan presentó a Jesucristo con estas palabras: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Juan sabía muy bien lo que decía pues nadie puede quitar el pecado excepto Jesús. Si no conocemos a Jesucristo como el Salvador que nos libró de la condenación eterna no seremos salvos. La Biblia dice que no hay otro nombre mediante el cual podamos ser salvos.

Advirtiendo sobre lo peligroso de no conocer a Cristo como Salvador, el Señor dijo: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!”» (Mateo 7:21-23). Con estas palabras Jesucristo nos dice que muchos conocerán los milagros y el poder espiritual sin conocerlo a él como el Salvador. Solo conocen a Jesucristo, quienes, sintiéndose aterrorizados ante la exigencia justa de la ley de Dios, que nos condena por no cumplirla, fueron consolados por las dulces palabras del evangelio que les impartió la fe salvadora. Esas dulces palabras, que nos dicen todo lo que Jesucristo hizo «para el perdón de nuestros pecados» son buenas noticias de perdón que pueden crear la fe salvadora, y que muchos las han oído primeramente en su bautismo.

Oración:

Señor Jesucristo, Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de mí, sé mi Salvador y dame tu paz. Amén.