JESUCRISTO, EL ENVIADO DEL PADRE

Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió.

– Juan 6:44

— ¿Conoces al presidente de los Estados Unidos de América?

— ¡Por supuesto!, ¿Quién no conoce a Trump? Es noticia todos los días.

Aunque mucha gente ha seguido la información acerca de Trump, incluso desde cuando no era tan famoso, la verdad es que poca gente le conoce de verdad. Para conocerle necesitaríamos vivir con él. De igual manera, muchos suponen que conocen a Jesucristo debido a que conocen mucho acerca de él. Pero saber cosas acerca de una persona no necesariamente es conocerla.

Conocer a Jesucristo es indispensable para disfrutar la vida eterna. Pero no es posible conocerle si no hemos ido a él. Jesús nos dice que nadie viene a él si el Padre no lo atrae. ¿Qué significa eso? Significa que los seres humanos estamos incapacitados para ir a Jesucristo por nuestra propia decisión o nuestras propias fuerzas. Jesucristo fue claro al respecto, él dijo a sus discípulos: «No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes» (Juan 15:16). Todos los seres humanos nacemos en pecado (Salmo 51:5) lo que significa que no tenemos libre albedrío en asuntos espirituales. Tal es nuestra situación, que la Biblia describe a los humanos como «muertos en sus transgresiones y pecados» (Efesios 2:1).

Nuestra situación espiritual no es como la del hombre que cayó en un abismo pero todavía puede agarrar la soga que se le envía para ayudarle. Por el contrario, es como la del hombre que cayó al abismo y murió, por eso no puede agarrar la soga que le envían. Cada humano que nace viene muerto espiritualmente, y es solo por la obra de Dios, el Padre, que va a Jesucristo para salvación. Pablo lo explica así: «Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó […] Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte» (Efesios 2:4-9).

No somos salvos porque hayamos buscado o elegido a Dios. Somos salvos porque Dios envió a Jesucristo para cumplir su voluntad perfectamente y para sufrir el pago por el pecado en sustitución nuestra. Somos salvos porque el Padre, en su amor misericordioso nos buscó y nos trajo hacia Jesucristo para conocerle y saber lo que él hizo por nosotros. Nosotros en gratitud vamos a querer conocer a Jesucristo como lo expresó el apóstol Pablo en su carta a los Filipenses 3:7-10.

Oración:

Padre celestial, gracias por enviar a tu Hijo Cristo como mi doble sustituto para salvarme; en gratitud, quiero «ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle». Amén.