(Lectura de la Biblia en tres años: Números 22:21–40, Marcos 11:15–19)

LA GRATITUD DE PABLO POR LA AYUDA RECIBIDA

Ya he recibido todo lo que necesito y aún más; tengo hasta de sobra ahora que he recibido de Epafrodito lo que me enviaron. Es una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado.

—Filipenses 4:18

La Biblia clara y terminante en que la Salvación, obrada por nuestro Señor Jesucristo, nos es otorgada completamente gratis, como un regalo que nos viene gracias a la misericordia de Dios (Romanos 3:23–24; Apocalipsis 21:6; 22:17; Isaías 55:1,7). Las ofrendas no son una manera de pagar por tal regalo.

Bajo el Antiguo Pacto, el pueblo de Israel estaba sujeto a la obligación de llevar, ante Dios, ofrendas y diezmos de todas sus ganancias para sostener la adoración. Una parte de los diezmos y ofrendas debía ser para banquetes fraternales en las fiestas sagradas; otra, para ayudar a los extranjeros, viudas y huérfanos; y otra parte para el sustento de los sacerdotes y levitas (Deuteronomio 12:17–21; 14:29).

Jesucristo instituyó la iglesia dentro del Nuevo Pacto. En el Nuevo Pacto no incluyó la obligación celebrar las fiestas del Antiguo Pacto, ni el diezmo y llamó a cada creyente al sacerdocio universal. Por tanto no estamos bajo la obligación de ofrendar o diezmar. Sin embargo, Cristo llamó a algunos a dedicarse por tiempo completo al ministerio de la Palabra, y les instruyó vivir de las ofrendas de los creyentes, que en gratitud a la gracia divina, apartan para el Señor y para la extensión del reino. No hay un monto determinado a ofrendar. Cada uno da según la gratitud que brota de su corazón. Unos dan todo lo que tienen, como la viuda pobre; otros, de lo que pueden con alegría; y algunos, de lo que les sobra. Dios quiere que su pueblo dé ofrendas por gratitud y no por obligación.

Los filipenses enviaron su ofrenda a Pablo y él expresó gratitud al Señor, no por lo recibido. Sino por lo que implicaba: era un sacrifico que Dios acepta con agrado. Dios no acepta lo que hacemos motivados por la obligación de la ley puesto que lo hacemos imperfectamente (Mateo 5:48). Él acepta solo lo que hacemos en gratitud por haber sido salvados por los méritos de Cristo. Nuestras ofrendas son sacrificios agradables al Señor que ofrecemos como parte de nuestro sacerdocio universal, si las ofrecemos en gratitud. En su gracia, el Señor les añade los méritos de Cristo para poder aceptarlas como perfectas y así recompensarnos. En gratitud a su gracia abundante vamos a querer ofrendar abundantemente.

Oracion:

Señor, te suplico que tu iglesia sea preservada en la doctrina pura de tu palabra salvadora, para que así se fortalezca nuestra fe en ti y aumente en nosotros el amor a todo el género humano. Levanta pastores, maestros y siervos fieles que prediquen y enseñen el evangelio en nuestro país y en todas las naciones; guíalos, protégelos y prospéralos en todas sus labores. Amén

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