SABER LO NECESARIO

Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado.

– 1 Corintios 2:2

Mi padre amaba los libros. En una época en que los libros eran la principal manera de obtener conocimiento, él dedicó gran parte de sus ingresos a adquirirlos. Al crecer en ese ambiente lector, me sentía bien de ser capaz de leer dos a tres libros por mes hasta que conocí a un hombre que me preguntó: «¿Cuántos libros leíste esta semana?». Su pregunta me incentivó para proponerme terminar de leer un libro cada dos días. Mi obsesión lectora fue frenada cuando alguien me recomendó: «No leas libros buenos; lee solo los mejores». En nuestra búsqueda de saber muchas cosas perdemos mucho tiempo aprendiendo muchas cosas buenas que no necesitamos para nada. Hoy la gran mayoría de la información compartida en Internet es así de irrelevante.

Los griegos anhelaban con avidez saber cosas nuevas (Hechos 17:21). Nosotros también somos así. Muchas veces todo ese conocimiento que los humanos tenemos por excelente es un verdadero estorbo que impide conocer lo más importante, a Jesucristo crucificado. Jesucristo en la cruz es el salvador que cumplió perfectamente la voluntad de Dios en lugar de nosotros, pobres pecadores, y que entregó su vida para recibir el castigo por nuestros pecados. En la cruz, él se adjudicó nuestra culpa tomando nuestros pecados sobre sí y nos dio sus méritos para que Dios nos considere justos. Esa es toda la novedad que necesitamos conocer.

Oración:

Señor, nunca permitas que olvide que en la cruz cargaste mis pecados y me regalaste tu justicia. Amén.