CUANDO DE LA BUENA SEMILLA HAY BUENA COSECHA

Pero la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con corazón noble y bueno, y la retienen; y como perseveran, producen una buena cosecha.

– Lucas 8:15

Jesús comparó el evangelio con buena semilla y la predicación del evangelio con el acto se sembrar. Así como una buena semilla lleva dentro todo lo necesario para fructificar una buena cosecha, del mismo modo, el evangelio tiene todo el poder necesario para salvar a los pecadores. El evangelio siempre dará resultado. En quienes menosprecian la palabra, viene el diablo y quita lo sembrado con lo que quedan incrédulos, pues el fruto del evangelio es la fe. Sin evangelio no hay fe. Si el evangelio ha fructificado será evidente por sus resultados: tales personas tendrán un corazón bueno que presta atención a la Palabra, la retienen y por ello perseveran en la fe.

Es la voluntad de Dios no solo que escuchemos su Palabra sino también que la aprendamos y la pongamos en práctica. No hacerlo es menospreciar la Palabra de Dios y eso es un pecado contra el tercer mandamiento. Lutero escribió que el tercer mandamiento significa que «Debemos temer y amar a Dios, de modo que no despreciemos su palabra ni la prédica de ella; sino que la consideremos santa, la oigamos y aprendamos de buena voluntad» (Catecismo Menor). También aconsejó: «Aprende, por lo tanto, que no se trata únicamente de oír, sino sobre todo, de aprender y retener lo aprendido y no pienses tampoco que pueda depender de tu arbitrio o que no tenga gran importancia, antes bien, trátase del mandamiento de Dios que te exigirá cómo escuchaste, aprendiste y honraste su palabra» (Catecismo Mayor).

Debido a nuestro viejo Adán no podemos cumplir perfectamente la voluntad de Dios y pecamos despreciando la Palabra de muchas maneras. Una de ellas es faltar o incluso llegar atrasados a las reuniones de culto. Incluso en medio de un sermón nuestra mente se distrae y pierde la atención. Jesucristo obedeció perfectamente en lugar nuestro, pues apreció y atesoró la Palabra de Dios mejor que ninguno. Él fue castigado por nuestro menosprecio a la Palabra de Dios. Por sus méritos, Dios nos ve como si hubiéramos cumplido perfectamente el tercer mandamiento. En gratitud vamos a querer apreciar la Palabra de Dios de muchas maneras, ya sea leyéndola (1 Timoteo 4:13), copiándola (Deuteronomio 17:18), memorizándola (Proverbios 3:1–3), meditándola (Salmos 1:1-2) y poniéndola en práctica (Santiago 1:25).

Oración:

Señor, concédeme temerte y amarte, de modo que no desprecie tu Palabra ni la prédica de ella; sino que la considere santa, la oiga y aprenda de buena voluntad. Amén.