ESTO NO SE TRATA DE MÍ

La adoración se trata sobretodo de mi Dios y Salvador.

“Esto no se trata de mí”. Cuando estaba sentado en la iglesia el domingo pasado, estuvo viniendo ese pensamiento a mi mente. Al estar sentado en la casa de Dios, escuchando su Palabra, cantando cantos, estuve pensando: “Esto no se trata de mí”.

El problema es que esto fácilmente puede convertirse en acerca de mí. Sin dares cuenta muchas iglesias caen en la trampa sutil de hacer la adoración a Dios algo acerca de mí. Buscan música para entretenerme e inspirarme. Escogen himnos que hablan acerca de la manera como Dios me hace sentir. Predican sermones que se concentran casi completamente en mí y en mi vida.

No me mal entienda. Todas esas cosas pueden ser buenas dentro de la perspectiva correcta. No hay “Yo” en la palabra equipo, pero definitivamente sí hay un “Yo” en adoración. Yo sí voy a la adoración para ser inspirado y enseñado, lo cual afectará la manera como me siento y pienso, porque se aplicará a mi vida. La adoración también me guiará en lo que hago.

Pero verdaderamente la adoración no se trata de mí.

La adoración es primero y sobre todo acerca de mi Dios y Salvador. La música de nuestra adoración no se debe dirigir a la manera como me siento sino a lo que Dios ha hecho para salvarme. Debido a que todavía soy una criatura pecaminosa aun cuando estoy sentado en la casa de Dios. Los sermones deben identificar mi problema, mi problema del pecado. Por eso se me recuerda que yo era condenado. Sí eso se trata de mí, pero eso es solo la primera parte de lo que Dios quiere que yo sepa. La buena predicación debe proclamar el perdón y la libertad que Jesús obtuvo en la cruz para todas las personas. La adoración es acerca de nuestro Dios y lo que él ha hecho por pecadores como yo.

La adoración se trata también de quienes están sentados alrededor mío. El escritor de Hebreos nos anima: “No dejemos de congregarnos, como es la costumbre de algunos, sino animémonos unos a otros” (10:25). La adoración se trata de congregarnos y de animarnos unos a otros. No solo cantamos himnos a Dios; los cantamos para animarnos mutuamente. Alzamos nuestras voces en oración unos por otros. En los credos, humildemente proclamamos nuestras creencias.

En nuestra iglesia usamos liturgia para establecer orden en la adoración, la cual tiene sus raíces en la iglesia antigua. ¿Sabe usted el significado de la palabra liturgia? Esta palabra viene de una palabra griega que significa “servicio” u “obra”.

Hoy mucha gente va a la iglesia, se sientan cómodamente, y dicen: “Muy bien. Ahora entreténgame, inspírenme, háganme sentir bien”. Pero la adoración litúrgica, la adoración luterana, espera una participación activa. Nos esforzamos en pensar acerca de lo que estamos diciendo y cantando. Nos esforzamos para escuchar y aplicar la Palabra que está siendo proclamada. Nos esforzamos por alabar a Dios y aprender sus verdades. Adorar requiere esfuerzo.

La próxima vez que usted esté sentado en las bancas de la iglesia piense acerca de eso. Esto no es acerca de mí. Esto es acerca de mi Dios quien me habla en Palabra y sacramento. Esto es acerca de alabar y agradecer a mi Dios por las grandes obras que él ha hecho y hace. Esto es acerca de animar y edificar a quienes se siente alrededor de mí. Las bendiciones sorprendentes son que por medio del mensaje del Evangelio proclamado en la adoración: yo también seré animado, yo también seré edificado, yo también seré inspirado.

Alabamos al Señor. Alabamos a Dios en su templo; . . . Alabamos a Dios por sus proezas; alabamos a Dios por su imponente grandeza. . . . Todo lo que respire alaba al Señor. Alabamos al Señor” (Salmo 150).

Andrew Schroer es pastor en la iglesia Redentor, en la ciudad de Edna, estado de Texas, EEUU.

© Forward in Christ. Todos los derechos reservados. Traducido y reimpreso con permiso.

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