AMOR EXTRAORDINARIO

«A ustedes, los que me escuchan, les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, y oren por quienes los calumnian. Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados. Porque si ustedes aman sólo a quienes los aman, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores aman a quienes los aman! Y si ustedes tratan bien sólo a quienes los tratan bien a ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores hacen lo mismo! Si prestan algo a aquellos de quienes ustedes esperan recibir algo, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores se prestan unos a otros para recibir otro tanto! Ustedes deben amar a sus enemigos, hacer el bien y dar prestado, sin esperar nada a cambio. Grande será entonces el galardón que recibirán, y serán hijos del Altísimo. Porque él es benigno con los ingratos y con los malvados. Por lo tanto, sean compasivos, como también su Padre es compasivo.»

– San Lucas 6:27-28,31-36 (Reina Valera Contemporánea)

Un cristiano auténtico ama a su familia y a sus hermanos en la fe no solo con palabras sino también con hechos, es decir con buenas obras de aprecio para quienes son el objeto de su amor. Pero eso no tiene nada de extraordinario pues quienes no son cristianos hacen lo mismo, es decir aman recíprocamente. Dios quiere que sus sacerdotes amen también a sus enemigos, a aquellos que no merecen ser amados. Quiere que ese amor se evidencie en trato cordial, amable, solidario y compasivo hacia quienes es seguro que no tienen interés en apreciarlo. En pocas palabras, Dios nos manda amar a nuestros enemigos.

El amor natural del ser humano caído es egoísta y en el mejor de los casos es recíproco. Eso significa que el hombre natural ama aquello que le trae satisfacción. Su esencia dice: «Te amo y trato bien mientras tú hagas conmigo lo mismo». El amor que Jesucristo demanda de sus discípulos es totalmente diferente, y en su esencia dice: «Te trato bien porque te amo, y te amo, aunque me dañes, odies y seas mi enemigo porque Dios me ama y crea en mí la capacidad de amarte con amor sobrenatural y extraordinario».

Dios exige que amemos a nuestros enemigos de esa manera. Pero no podemos. Nuestro viejo Adán lucha con toda su potencia contra tal amor. Cuando procuramos amar lo hacemos imperfectamente. Por eso merecemos la ira eterna de Dios y nuestra condenación. Jesucristo, como nuestro doble sustituto, amó a sus enemigos y oró por ellos. Lo hizo en lugar de nosotros. En lugar nuestro padeció en la cruz el castigo eterno que merecíamos. En gratitud vamos a querer amar a nuestros enemigos.

Oración:

Señor, demandas de mí que ame a mis enemigos y, como no lo hago perfectamente, encuentro que merezco tu ira eterna. Gracias por Jesucristo que con sus méritos me salva de la condenación eterna. Concédeme que alcance a amar genuinamente a mis enemigos para tu honra y gloria. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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