“¡Cómo quisiera que mis palabras se escribieran, y que en un libro quedaran registradas! ¡Como quisiera que se grabaran con cincel, y para siempre quedaran esculpidas en piedra! Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará del polvo” (Job 19:23-25)

LA FE EN LA RESURRECCIÓN ESTÁ FUNDADA EN EL REDENTOR

¿Alguna vez ha visto la Torre inclinada de Pisa, que se encuentra en Italia? A principios de la década de 1990 la inclinación era tan grande que la torre amenazaba con venirse abajo. La gente de la ciudad estaba muy preocupada, ya que su futuro económico estaba relacionado con esa torre. Los ingenieros encontraron que la única manera de que se inclinara correctamente era fortaleciendo los cimientos. Los fortalecieron, y la torre todavía está en pie (o, más bien, se inclina) hoy en día.

¿Cómo pudo Job ser acosado tanto y sin embargo permanecer tan fiel al verdadero Dios? La respuesta se encuentra en los fundamentos espirituales de la fe de Job. La fe de Job se basaba en el Redentor, su Salvador, el Mesías que vendría.

“Yo sé que mi Redentor vive”. Este es probablemente el pasaje más conocido y más apreciado en el libro de Job. Expresa los fundamentos de la fe de Job y su comprensión en el Señor en medio de su terrible situación. En aquella época de su vida, la paga del pecado y de la muerte amenazaban separar a Job de Dios. Pero la fe de Job se fundó en el Redentor, a quien Dios enviaría para quitar los pecados del mundo. El Redentor expiaría el pecado de todos y entonces resucitaría.

Se nos da un destello de la segunda venida de Cristo en las palabras de Job: “Al final se levantará del polvo”. Jesús, el Redentor, regresará otra vez y llevará al cielo a todos los que creen en él como el Salvador. Job esperaba con ansia ese día. Esto le hizo ver todo en la perspectiva correcta. “Desafíen mi fe, amigos míos”, dijo, “pero algún día mi Redentor me reivindicará y me pondrá delante de Dios”.

La resurrección de Jesús mantiene nuestra vida en perspectiva. La riqueza no es nada, porque no durará; la resurrección durará. El sufrimiento en esta vida es pasajero; nuestro tiempo con el Redentor es para siempre. Satanás señala nuestros pecados y trata de que cedamos a las obras de justicia propia. Pero la justicia del Salvador resucitado es nuestra por completo. Y algún día el Señor reivindicará nuestra fe señalando nuestras acciones de servicio hechas en su nombre y diciendo: “Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21).

Que día tan glorioso será cuando nosotros, junto con Job, nos unamos a todos los santos en la gloria. El divino acontecimiento es nuestro fundamento. Y aunque nos inclinemos un poco bajo la presión del mundo, no caeremos.

Oración:

Señor, cuando la vida me presione fuertemente, ayúdame a recordar que mi Redentor vive. Amén.

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