“También sé que he de contemplar a Dios, aun cuando el sepulcro destruya mi cuerpo. Yo mismo seré quien lo vea, y lo veré con mis propios ojos, aun cuando por dentro ya estoy desfalleciendo” (Job 19:26,27)

LA FE EN LA RESURRECCIÓN ESPERA CON ANHELO LA RESURRECCIÓN

¿Alguna vez ha recibido una carta de amor? Las cartas de amor expresan los sentimientos de las personas que realmente se preocupan unas por las otras. Algunas de las mejores cartas de amor que se han escrito fueron escritas bajo gran tensión. El escritor o la escritora revela sus sentimientos más profundos. Las palabras con frecuencia expresan un deseo por ver al ser amado otra vez, estar mucho más cerca de él o de ella.

En nuestra lectura de hoy, Job expresó su sincero deseo de estar en su hogar celestial. Quiso ver a Dios y estar a su lado. Su vida estaba llena de dolor y sufrimiento. Sus amigos seguían acusándolo falsamente. No lo consolaron con sus consejos insensatos. En medio de su agitación, Job clamó: “Por dentro ya estoy desfalleciendo”.

Job anhelaba el día de la resurrección de entre los muertos. Con su resurrección vendría la eternidad en la presencia perfecta de Dios. Job no deseaba morir para terminar con el dolor. Tenía ganas de vivir una vida glorificada con el Dios trino. Su fe en la resurrección declaró: “Cuando el sepulcro destruya mi cuerpo. Yo mismo seré quien lo vea, y lo veré con mis propios ojos”.

Job sabía que moriría. No se hacía ninguna ilusión de que podía escapar de la muerte como Enoc y Elías, quienes fueron llevados directamente al cielo sin pasar por la muerte. Job enfrentó toda la realidad que cuando muriera, su carne se destruiría. Sin embargo, no se desesperó; más bien, expresó su esperanza viva de contemplar a Dios: “Yo mismo seré quien lo vea, y lo veré con mis propios ojos”. La resurrección de su cuerpo sería tan completa que vería a Dios con sus propios ojos.

Dios nos ha escrito una carta de amor, la Santa Biblia. Allí aprendemos que “La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos 6:23). Jesús, nuestro Redentor, es el tema de nuestra fe en la resurrección. En él tenemos esperanza y tenemos vida. Cuando nuestras horas finales vengan, podremos enfrentar la muerte con expectativa. Debido a Jesús, la muerte es ahora la puerta a la vida eterna. Con la fe de la resurrección, nosotros, junto con Job, esperamos con anhelo al día de nuestra resurrección en la vida eterna.

Oración:

Querido Padre celestial, disipa mis temores cuando enfrente la muerte. Mi corazón espera con anhelo el día cuando vendrás otra vez y resucitarás a todos los creyentes a la vida eterna. Ven pronto, Señor Jesús, ven pronto. Amén.

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