(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 26:12–37, Mateo 22:41–46)

¿ACASO HAY ALGO IMPOSIBLE PARA EL SEÑOR?

—Dentro de un año volveré a verte —dijo uno de ellos [a Abraham]—, y para entonces tu esposa Sara tendrá un hijo.
Sara estaba escuchando a la entrada de la carpa, a espaldas del que hablaba. Abraham y Sara eran ya bastante ancianos, y Sara ya había dejado de menstruar. Por eso, Sara se rió y pensó: «¿Acaso voy a tener este placer, ahora que ya estoy consumida y mi esposo es tan viejo?» Pero el Señor le dijo a Abraham:
—¿Por qué se ríe Sara? ¿No cree que podrá tener un hijo en su vejez? ¿Acaso hay algo imposible para el Señor? El año que viene volveré a visitarte en esta fecha, y para entonces Sara habrá tenido un hijo.

—Génesis 18:10-14

¿Le cuesta mucho creer las promesas del Señor? A muchos de nosotros nos han asaltado dudas acerca de lo que la Palabra de Dios promete. Aunque el apóstol Pedro creyó y caminó sobre las aguas ante el mandato de Cristo, al prestar atención al fuerte viento tuvo miedo y comenzó a hundirse. Jesús le llamó hombre de poca fe. Muchas veces merecemos ser llamados personas de poca fe.

Prestar atención a las circunstancias adversas con nuestro razonamiento y experiencia contribuye a debilitar nuestra fe. Dios había prometido a Abraham descendencia que vendría de su esposa Sara (Génesis 17:15-16; 19,21). Pero Sara era estéril. Cuando ella tenía noventa años ya había perdido toda esperanza de ser madre y las dudas empezaron a llenar su corazón. Martín Lutero dijo una vez: «No hay estado de ánimo más miserable que la duda». La duda cuestiona la palabra divina de promesa; debilita nuestra confianza en las bendiciones que él nos ha prometido. En anteriores apariciones a Abraham, Dios se encargó de disipar sus persistentes dudas. Puesto que ahora era Sara la que dudaba, el Señor visitó el hogar de Abraham para purificar la fe de Sara de impurezas e imperfecciones. ¿Cómo lo hizo? Primero abrió los ojos espirituales de Sara mostrándole su incredulidad y reprendiéndola (uso de la ley moral como espejo y martillo). Después le hizo una promesa incondicional (el evangelio son las promesas incondicionales del Señor). Ese evangelio obró fe en Sara (Romanos 10:17) De modo que «Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.» Fue la promesa incondicional del Señor la que transformó a Sara de incrédula a creyente. Dios continúa suministrando fe a través del evangelio presente en el bautismo, la santa cena y cuando es predicado.

Oración:

Señor, te doy gracias porque me diste el don de la fe para creer tus promesas de salvación. Por el poder del evangelio que viene a mí por tus medios de gracia fortaléceme y guárdame en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

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