(Lectura de la Biblia en tres años: Números 15:1–31, Marcos 9:38–50)

ORACIÓN DE MOISÉS, HOMBRE DE DIOS.

Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación.
Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios.
Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, cuando dices: «¡Vuélvanse al polvo, mortales!»

—Salmo 90: 1–3

¿Cuántos años planifica vivir? Algunos quieren llegar a los ochenta. Otros hasta los noventa. Dios planifica que vivamos para siempre ¿Cómo podemos participar en ese plan?

El salmo 90 fue escrito por Moisés. Este siervo de Dios es uno de los pocos privilegiados que llegó a vivir 120 años con plenitud de vida: «Moisés tenía ciento veinte años de edad cuando murió. Con todo, no se había debilitado su vista ni había perdido su vigor.» (Deuteronomio 34:7). Sin embargo, como a todos, le llegó la hora de morir. Él estaba preparado para partir a la eternidad ¿Lo está usted?

Moisés estaba preparado pues confiaba en el verdadero y eterno Dios, el Dios de la Biblia. También era consciente que Dios es justo y que, puesto que todos hemos pecado, estamos destituidos del favor de Dios (Romanos 3:22,23; 5:18,19) y merecemos la muerte y la ira de Dios por la eternidad. Moisés, reconocía que él estaba necesitado de misericordia divina y que Dios es misericordioso. Moisés estaba preparado para encontrarse con la eternidad pues su fe descansaba en los méritos de Jesucristo como su doble sustituto para ser salvo de la condenación eterna: «En vez de disfrutar de las riquezas de Egipto, Moisés decidió que era mejor sufrir, como también iba a sufrir el Mesías, […] Moisés confió en Dios, y por eso celebró la Pascua.» (Hebreos 11:26,28, TLA). La única manera de estar preparados para la eternidad es confiando, con fe salvadora, en Jesucristo y sus méritos. La fe salvadora es un don de Dios que él otorga mediante su santo evangelio. Cuanto más expuestos estamos al evangelio más crecemos en esa fe. De ahí lo importante del contacto diario con la Palabra de Dios. En gratitud por los méritos de Cristo vamos a querer alimentarnos del evangelio con la mayor frecuencia posible. (Romanos 1:16-17; 10:17)

Oración:
Padre Santo y misericordioso, confieso que soy por naturaleza pecador y que te he desobedecido con mis pensamientos, palabras, acciones y omisiones. Por esto merezco tu castigo tanto ahora como eternamente. Pero en verdad estoy arrepentido de mis pecados, y confiando en que solo por los méritos de mi Salvador Jesucristo soy perdonado, oro: Señor, ten piedad de mí, un pecador. Amén

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