(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 27, Mateo 23:1–8)

GOZO EN LA ADVERSIDAD

Ahora me alegro en medio de mis sufrimientos por ustedes, y voy completando en mí mismo lo que falta de las aflicciones de Cristo, en favor de su cuerpo, que es la iglesia.

—Colosenses 1:24

¿Tenemos que sufrir para completar las aflicciones que faltan a favor del cuerpo de Cristo? El texto de la meditación de hoy parece dar a entender que así es. ¿Qué quiso decir el apóstol Pablo cuando escribió estas palabras?

Cuando Pablo escribió su carta a los Colosenses lo hizo estando preso en Roma. No se encontraba en una maloliente mazmorra. Sin embargo, carecía de la libertad de moverse de una población a otra a fin de llevar el evangelio por todo el mundo y esto, indudablemente, era parte de las aflicciones que enfrentaba. También le afligía el hecho de que nuevos falsos maestros procuraban desviar de la fe a los creyentes de las iglesias de Colosas y Laodicea (ambas separadas por apenas 17 kilómetros de distancia entre sí). Por esto recomendó que esta carta sea leída en ambas congregaciones (4:16)

Este nuevo grupo de falsos maestros fueron el germen de una herejía que más tarde fue conocida como el gnosticismo. Ellos procuraban minimizar la obra y doctrina de Cristo haciendo de la fe un conocimiento que solo poseían pocos privilegiados y enfatizando el valor de la vida espiritual en términos de éxito y riqueza material. Finalmente Laodicea cayó ante la falsa enseñanza por lo que tuvo que recibir la reprensión del mismo Señor Jesucristo (Apocalipsis 3:14-22). Para estos falsos maestros Pablo era un fracasado pues se encontraba pobre y preso. Ellos argumentaban que el éxito y la riqueza material eran evidencia de aprobación divina. ¿Tenían razón?

No, por el contrario estaban sumamente equivocados. Jesucristo profetizó que sus discípulos padecerían aflicciones (Mateo 5:10,11 cf. 1 Pedro 4:12-14). El mundo rechaza y odia a Cristo. Nosotros, que creemos en él, somos su cuerpo y por ello el mundo nos odia. Cuando Pablo perseguía a la iglesia, el Señor se le apareció y le dijo: «Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues» (Hechos 22:8). Así el Señor dejó en claro que perseguir cristianos es perseguir a Cristo. Las aflicciones de Pablo resultaron en bien de la iglesia pues al ser perseguido él, los demás ya no lo eran y, así, el número de predicadores se incrementaba (2 Corintios 1:6).

Oracion:

Otorga, Señor, por tu Espíritu Santo, consuelo y alivio a los que padecen aflicción, necesidad, enfermedad, a los que están en peligro de muerte, a todos los que sufren de un modo u otro, y especialmente a los que sufren por causa de tu nombre y de tu verdad, para que acepten sus tribulaciones con resignación cristiana y se sometan a tu benigna voluntad paternal. Amén.

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