(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 28:1–18, Mateo 23:9–15)

¡ATÉNGANSE A LA LEY Y AL TESTIMONIO!

Si alguien les dice: «Consulten a las pitonisas y a los agoreros que susurran y musitan; ¿acaso no es deber de un pueblo consultar a sus dioses y a los muertos, en favor de los vivos?», yo les digo: «¡Aténganse a la ley y al testimonio!» Para quienes no se atengan a esto, no habrá un amanecer.

—Isaías 8:19–20

La gran mayoría de nosotros hemos experimentado el deseo de conocer lo que nos está oculto: a veces quisiéramos conocer el futuro y algunos otros misterios más y no falta quien quiere ofrecernos una manera de conocerlos. En el pasado eran muy populares las adivinas y los agoreros. Muchas personas afirman haber recibido revelaciones sobrenaturales en sueños y visiones. ¿Aprueba Dios eso?

En el texto de hoy, Dios dice que la verdad no se encuentra consultando a un espíritu de entre los muertos, ni en una visión a través de una bola de cristal o cualquiera otra vía o médium. «¡A la ley y al testimonio!» dice Isaías. En otras palabras: «A la Biblia». Pero, como está escrito, «Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo.» (Hebreos 1:1,2). La Palabra de Dios mediante el Hijo es todo el Nuevo Testamento. Al finalizar su revelación, el Hijo dice: «A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro.» (Apocalipsis 22:18-19). Con estas palabras, Cristo sella la visión y la profecía de modo que la Sola Escritura es la Palabra de Dios por la cual el revela su voluntad y esa misma Palabra es constituida único juez en doctrina y práctica. Sin embargo, por causa del pecado, los hombres buscamos la verdad espiritual fuera de la Biblia y damos igual o más autoridad a la experiencia, a la tradición, y a la razón. Aceptar como autoridad espiritual cualquier otra cosa además de la Biblia es un pecado contra la Palabra de Dios y contra el mandamiento que exige no tomar el nombre de Dios en vano. Por ese pecado merecemos toda la ira de Dios. Cristo, en lugar nuestro, usó el nombre y la Palabra de Dios como única autoridad en cuestiones espirituales y sufrió el castigo que merecemos por esta falta nuestra. En gratitud vamos a querer cerrar los oídos a toda revelación que no provenga de la Santa Escritura, la Biblia.

Oración:

Señor bendito, te suplico que defiendas y gobiernes tu iglesia de tal modo que sea preservada en la doctrina pura de tu Palabra salvadora, para que así se fortalezca nuestra fe en Ti y aumente en nosotros el amor a todo el género humano. Amén.

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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