(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 13:21–36, Mateo 28:1–10)

PROCEDIMIENTO SANITARIO PARA INFECCIONES CONTAGIOSAS

Asimismo cuando haya en la piel del cuerpo una quemadura de fuego, y aparezca en la parte quemada una mancha blanquecina, rojiza o blanca, el sacerdote la examinará. Si el vello se ha vuelto blanco en la mancha, y esta es más profunda que la piel, es lepra que salió en la quemadura. El sacerdote lo declarará impuro por ser llaga de lepra.

—Levítico 13:24–25, RV95

La peste negra o peste bubónica causada por la bacteria «Yersinia pestis» es considerada, por la historia de la medicina, como la más devastadora de la humanidad. Entre 1347 y 1353 acabó con la vida de unos 25 millones de europeos (un tercio de la población de Europa), junto con 60 millones en África y Asia. Sí, las infecciones contagiosas son las más devastadoras entre las enfermedades.

Levítico trata de las normas para el sacerdocio levítico que son parte de la ley ceremonial del Antiguo Pacto y por tanto solo obligan a la nación de Israel. Pero son de nuestro interés porque «Todo lo que antes se dijo en las Escrituras, se escribió para nuestra instrucción» (Romanos 15:4). Los sacerdotes levíticos eran responsables de velar la salud del campamento. Por tanto, era su deber expulsar y readmitir leprosos. La lepra del Antiguo Testamento no se limita a la enfermedad que hoy se conoce por ese nombre, pues comprende una variedad amplia de infecciones sumamente contagiosas que afectan la piel, la ropa y las casas. Las peores destruían el cuerpo lentamente y, en la mayoría de los casos, eran fatales. Por eso, los leprosos debían ser aislados lejos de su familia y amigos y confinados fuera del campamento. (Levítico 13:1; 14:55.). Gracias a estas medidas el resto de Israel era protegido del contagio. Muchos predicadores y comentaristas de las Santas Escrituras dicen que el pecado es la lepra espiritual. Pero, según la Biblia el pecado no es una enfermedad contagiosa y la manera de protegerse de él no es el aislamiento. Nacemos pecadores y la solución es la Redención.

No obstante hay algo que sí es como la lepra: La falsa doctrina. Jesucristo la llamó «Levadura» (Mateo 16:12). La Biblia manda apartarse totalmente de quienes, infectados por el error, insisten en ella (Romanos 16:17; Gálatas 1:8; 2 Juan 9–11). Quienes mereciendo toda la ira de Dios confiamos solamente en la obra y los méritos de Jesucristo para nuestra salvación: Su obediencia activa y pasiva como sustituto nuestro, vamos a querer apartarnos de todo aquél que trae falsa doctrina.

Oración:

Señor, te suplico que defiendas y gobiernes tu iglesia de tal modo que sea preservada en la doctrina pura de tu palabra salvadora, para que así se fortalezca nuestra fe en ti y aumente en nosotros el amor a todo el género humano. Líbranos de doctrinas falsas y perniciosas, y levanta pastores, maestros y siervos fieles que prediquen y enseñen el evangelio en nuestro país y en todas las naciones; guíalos, protégelos y prospéralos en todas sus labores. Amén

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