(Lectura de la Biblia en tres años: Números 13, Marcos 9:2–13)

EL JUICIO QUE VIENE

Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles,

—2 Tesalonicenses 1:6-7

La vida cristiana en gracia puede incluir el tener que afrontar persecución. El apóstol Pedro, aclara que la persecución es evidencia de que Dios ha declarado que le pertenecemos: «Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo. Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes.» (1 Pedro 4:12–14).

La persecución que sufre un cristiano es prueba de que le pertenece a Cristo. No es un castigo por sus pecados. El mundo incrédulo siempre odiará a los hijos de Dios. Por esa razón los creyentes están expuestos a ser perseguidos. Pero, puesto que Dios es justo, Él retribuirá a los perseguidores con los mismos problemas que ellos les causaron a los creyentes y dará reposo y consuelo a los perseguidos. ¿Cuándo sucederá todo eso? «Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego», es decir, cuando llegue el fin del mundo y sea el juicio final. El castigo final para quienes optaron por no beneficiarse de la redención obrada por Cristo es la eterna perdición. Se perderán tanto aquellos que optaron por no conocer a Dios, es decir, no tomarlo en cuenta y también aquellos que, aunque conocían al verdadero Dios tanto como el Dios de la creación, y también como Dios Salvador, pero se negaron a creer que sólo por la obra redentora de Cristo ellos son declarados justos.

Pero a quienes, por la sola fe y por la sola gracia, han confiado en Cristo como su redentor les espera la dicha eterna junto al Señor, gracias a los méritos de Cristo. En gratitud vamos a querer apreciar lo que Dios hizo por nosotros y confiar que las persecuciones que nos vienen como cristianos son parte de la vida cristiana y son evidencia de que pertenecemos a Cristo.

Oración:

Otorga, ¡oh Dios!, por tu Espíritu Santo, consuelo y alivio a los que padecen aflicción, necesidad, enfermedad, a los que están en peligro de muerte, a todos los que sufren de un modo u otro, y especialmente a los que sufren por causa de tu nombre y de tu verdad, para que acepten sus tribulaciones con resignación cristiana y se sometan a tu benigna voluntad paternal. Amén.

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