(Lectura de la Biblia en tres años: Números 14:20–35, Marcos 9:21–29)

¿CASTIGA DIOS A LOS HIJOS POR EL PECADO DE SUS PADRES?

Ahora, Señor, ¡deja sentir tu poder! Tú mismo has dicho que eres lento para la ira y grande en amor, y que aunque perdonas la maldad y la rebeldía, jamás dejas impune al culpable, sino que castigas la maldad de los padres en sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.

—Números 14:17–18

La idea de que los hijos son castigados por los pecados de nuestros padres es parte de la enseñanza de muchos. El texto de la meditación de hoy parece apoyar tal idea ¿será así?

En tiempos del Profeta Ezequiel algunos del pueblo de Israel estaban interpretando mal la Palabra, enseñando que «Los padres la hacen, y los hijos la pagan» (Ezequiel 18:2, TLA). Con esta idea daban a entender que Dios era injusto. Para que no quede ninguna duda al respecto, el Señor ordenó a Ezequiel que aclare que tal doctrina no viene de Dios, pues Él es justo: «Todo el que peque, merece la muerte, pero ningún hijo cargará con la culpa de su padre, ni ningún padre con la del hijo: al justo se le pagará con justicia y al malvado se le pagará con maldad» (Ezequiel 18:20). Los líderes judíos del tiempo de Jesús tenían una opinión similar pues se sentían más justos que sus padres. A ellos el Señor les dijo: «¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Construyen sepulcros para los profetas y adornan los monumentos de los justos. Y dicen: “Si hubiéramos vivido nosotros en los días de nuestros antepasados, no habríamos sido cómplices de ellos para derramar la sangre de los profetas.” Pero así quedan implicados ustedes al declararse descendientes de los que asesinaron a los profetas.» (Mateo 23:29-31). Sí, Dios es justo y castiga a cada quien por sus pecados propios y no por los de sus antepasados.

¿Por qué entonces el texto de hoy parece decir que Dios sí castiga a los hijos por los pecados de sus padres? Es debido a una deficiente traducción del original. Otras versiones mantienen el significado original, tal como lo hace la Reina Valera: «Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos». La visita de Dios es la oportunidad que Él nos da para arrepentirnos (Lucas 19:44). Cristo vino para redimirnos de la condenación eterna siendo nuestro sustituto. Obedeció perfectamente la voluntad de Dios y fue a la cruz a sufrir la ira de Dios en lugar nuestro. En gratitud vamos a querer reconocer que merecemos el castigo por nuestro pecado y que hemos sido redimidos gracias a él.

Oración:

Señor, gracias te doy porque siendo yo un miserable pecador, soy merecedor de todos los males. Pero, en tu gracia y por los méritos de tu Hijo, has hecho de mí un heredero de la gloria eterna. Amén.

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