(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 50:15–26, Mateo 15:21–28)

LA LEY NO NOS SALVA PERO PUEDE CONDUCIRNOS A CRISTO

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

—Gálatas 3:24, Reina Valera 1960

Mi padre partió hacia la eternidad hace algunos años atrás. Entre sus cosas encontramos una Biblia completa que él había copiado totalmente a mano. ¿Cómo pudo hacerlo? Cuando él era niño los profesores asignaban a sus alumnos la tarea de copiar sus lecciones totalmente a mano. Esto permitía que desarrollen la habilidad de escribir con ortografía y les ayudaba a reflexionar y retener lo aprendido. Tales profesores eran necesarios en aquella época en la que no se tenía el fácil acceso a la información que hoy tenemos mediante la red internet.

El apóstol Pablo compara la ley moral de Dios con un profesor de niños. Según el diccionario de la lengua ayo es el encargado «de custodiar niños o jóvenes y de cuidar de su crianza y educación.». No podemos obedecer la ley perfectamente pero no somos conscientes de eso. La ley nos fue dada para que entremos en conciencia de cuán pecadores somos. Ella nos muestra, como un espejo dos cosas: primero, que Dios exige santidad, pero nosotros pecamos y somos pecadores; segundo, por tal razón merecemos toda la ira de Dios. Quien aprendió la lección de la ley estará desesperado de saber que no puede alcanzar el cielo por sus propios méritos. Así la ley nos lleva a Cristo. El evangelio es Cristo como buena noticia: 1) él obedeció la ley perfectamente en lugar de nosotros y por eso Dios nos atribuye sus méritos gratuitamente como si nosotros hubiéramos obedecido, nos declara justos (eso es la justificación); y 2) él fue a la cruz, en lugar de nosotros, para recibir sobre sí toda la ira de Dios que nosotros merecemos como castigo por nuestro pecado. En gratitud vamos a querer apreciar y aprender la ley para comprender la magnitud de nuestra culpa y así ser llevados diariamente al arrepentimiento de manera que encontremos en Cristo la única manera de salvación.

Oracion:

Señor, solo merezco la condenación eterna. Pero gracias a tu bondad y misericordia, quisiste enviar a tu Hijo como nuestro sustituto de tal manera que por sus méritos ahora somos declarados justos. En gratitud, te suplico me concedas, por el poder del evangelio en los medios de gracia, vivir santa y piadosamente mientras espero la segunda venida de Jesucristo. Amén.

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