Ahora, Señor, Despides a tu Siervo en Paz

En Jerusalén vivía un hombre justo y piadoso, llamado Simeón, que esperaba la salvación de Israel. El Espíritu Santo reposaba en él 26 y le había revelado que no moriría antes de que viera al Ungido del Señor. 27 Simón fue al templo, guiado por el Espíritu. Y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron al templo para cumplir con lo establecido por la ley, 28 él tomó al niño en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:

29 «Señor, ahora despides a este siervo tuyo,
y lo despides en paz, de acuerdo a tu palabra.
30 Mis ojos han visto ya tu salvación,
31 que has preparado a la vista de todos los pueblos:
32 luz reveladora para las naciones,
y gloria para tu pueblo Israel.».

— Lucas 2:25-32

No podemos escoger la manera como moriremos. A la mayoría de la gente le gustaría escabullirse silenciosamente en un sueño apacible. Pero la muerte no siempre sucede de esa manera. El proceso de morir puede ser muy largo y doloroso. Accidentes en el trabajo o en un vehículo pueden traer la muerte repentinamente. Hay violencia que llena nuestras calles y toma las vidas de autores y transeúntes por igual. Nadie puede escapar, ni aun estando en la escuela o en la iglesia.

SIMEÓN VIO A SU SALVADOR

Simeón tampoco supo cómo él iba a morir, solamente que moriría. Asumimos que era anciano, pero no hay nada específico en la Escritura que nos diga eso. Sin considerar la manera cómo terminará la vida, él moriría en paz. Simeón tomó al Señor Jesucristo en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Señor, ahora despides a este siervo tuyo, y lo despides en paz, de acuerdo a tu palabra” (Lucas 2:28,29). Dios el Espíritu Santo le había prometido a Simeón que él no moriría hasta que él hubiera visto al Salvador prometido, a quien todos los fieles israelitas esperaban ansiosamente. Simeón alabó a Dios por que él había cumplido su promesa. Ahora Simeón estaba listo para morir, en paz con Dios y con él mismo.

¿Por qué iba él a morir en paz? Dejemos que él lo explique: “Mis ojos han visto ya tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz reveladora para las naciones, y gloria para tu pueblo Israel” (Lucas 2:30-32).

El Salvador ha llegado. Simeón fue privilegiado porque él pudo alzar el bebé Cristo, Dios mismo, en sus brazos.  Este bebé que él alzaba un día llevaría los pecados de Simeón a una cruz para sufrir la ira de Dios, en lugar de él. Aunque él no conocía todos los detalles, Simeón estaba seguro de que tenía en sus brazos su salvación. Ahora él podía morir en paz.

HEMOS VISTO LA SALVACIÓN DE DIOS

Conocemos los detalles de la vida de Jesús.  Ellos están bellamente expuestos en la Escritura. El bebé nacido en Belén “siguió creciendo en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y con los hombres” (Lucas 2:52). Con sus palabras y sus obras milagrosas, él demostró que es el Cristo, Dios encarnado. Él entregó su inocente vida a la muerte en una cruz, abandonado por Dios con todo el pecado, pero confiando perfectamente en Dios hasta el final. Con el plan de salvación de Dios cumplido, Jesús encomendó su alma a su Padre celestial. Él resucitó probando su victoria, ascendió a su cielo, y volverá para llevar a sus fieles a casa.

Por causa de él, nosotros también podemos partir en paz. Como Simeón, hemos visto la salvación de Dios en Cristo. Con pan y vino, hemos recibido su cuerpo y sangre en su Cena. El mismo cuerpo que Simeón sostenía, dado por él y por nosotros, en la cruz, lo recibimos para asegurarnos que nuestra deuda por el pecado ha sido pagada completamente. Es muy apropiado que cantemos las palabras de Simeón como parte de una de nuestras liturgias de nuestra Santa Comunión. Dios nos está alimentando para la vida y nos prepara para la muerte.

Ahora podemos partir en paz, sin importar la manera como salgamos de este mundo.

Ahora parto en paz y alegría;

Soy hijo de Dios con todo mi corazón.

Te agradezco muerte, por llevarme

A la verdadera vida donde estaré.

Limpiado por Cristo no temo a la muerte.

Señor Jesús, tu fortaleces mi fe.(Christian Worship, 608:2).

John Miller es pastor en la iglesia San Andrés en la ciudad de Milwaukee, estado de Wisconsin, EEUU.

© Forward in Christ. Todos los derechos reservados. Traducido y reimpreso con permiso.

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