LECCIONES DADAS POR UNA VIÑA

Vivir cerca de viñas da oportunidades para reflexionar sobre verdades espirituales.

Tan lejos como el ojo puede ver, viñedos extensos cubren las colinas. Caminos pavimentados serpentean por entre las viñas creando un paraíso para los caminantes. Vivo en Spiesheim, Alemania, y esta es la vista desde mi ventana. Aunque mi villa tiene menos de mil residentes, se jacta de tener once lagares.

Además de las ventajas evidentes de un hermoso campo y vino muy bueno, vivir en el corazón del centro de producción de vino en Alemania también ha dado otros beneficios. Caminar por las viñas no solo ha aumentado mi aprecio por el agotador trabajo del vinatero, sino que también me ha dado la ilustración de la viña como una herramienta para enseñar verdades espirituales.

LA VID

Utilizar viñas para enseñar verdades espirituales no es nada nuevo. La palabra viña se usa más de 120 veces en La Biblia (sin incluir la palabra vid). La imagen de una viña fue algo familiar para el pueblo de Dios en las eras del Antiguo y Nuevo Testamentos. Jesús usó esta imagen para enseñar a sus discípulos (leer Juan 15 y Mateo 20 y 21). En Juan 15:5, Jesús se llama a él mismo la vid. “Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer” (RVC).

Aun caminando rápidamente por la viña refuerza el hecho de que la vid es la parte más importante de la planta. La vid provee el agua y los nutrientes esenciales a las ramas. En el invierno sostiene la solitaria rama que no fue podada por el vinatero, y en el verano las muchas ramas con racimos pesados de uvas. Sin la vid, no puede haber ramas, ni frutos, ni vino.

Lo mismo nos sucede a los cristianos. Sin nuestra Vid, Jesús, estaríamos espiritualmente muertos en nuestros pecados. Sin Jesús, no hay vida, ni esperanza, ni fruto, ni futuro.

Pero con Jesús, nuestra vida es muy diferente. Por medio de su inocente vida y muerte, en lugar de nosotros, tenemos la nueva vida, el perdón de los pecados, y la vida eterna. Solo por medio de Jesús estamos en conexión con nuestro Padre celestial. Y solo por medio de la fe en Jesús, recibimos el privilegio de dar fruto en este mundo pecaminoso. Por Cristo, nosotros ramas muertas somos hechos ramas vivas y damos los frutos descritos en la Biblia.

A pesar de nuestra nueva vida, permanece nuestra batalla con el pecado. Agendas ocupadas y las pruebas de la vida nos desvían a confiar en nosotros mismos en lugar de confiar en Jesús. Despreciamos estar conectados a nuestra Vid, y muchas veces nuestras acciones pecaminosas hieden en lugar de ser fragantes frutos de fe. Pero nuestra Vid permanece. Jesús nos guía al arrepentimiento por el perdón completo y gratuito que nos ha dado. Por medio de su Palabra y los sacramentos, él fortalece y alimenta a sus ramas.

DEDICACIÓN AL FRUTO DE LA VID

Otra caminata por la viña me recuerda otra verdad espiritual.  La dedicación diaria del vinatero a sus vides es evidente. En la mañana el sonido de su tractor es audible antes de levantarme de mi cómoda cama, y la luz de su cosechadora es visible después de que se pone el sol. Aunque el vinatero gasta innumerables horas trabajando en el campo, todavía no termina. Él también debe trabajar en su bodega prensando las uvas, fermentándolas, y embotellando el vino. A pesar de todo, el cuidado del vinatero no es perfecto. Una herida o enfermedad lo puede apartar de sus uvas, o el medio ambiente puede disminuir su cosecha.

En contraste, considere la dedicación de nuestro Vinatero celestial. Nuestro Dios verdadero no duerme ni se adormece, y su cuidado es perfecto. Puede que algunas veces eventos en nuestras vidas nos puedan hacer dudar de la presencia y el cuidado de Dios. Se terminan relaciones, familiares y amigos se van lejos, y la muerte nos separa de seres queridos. Sentimos soledad y escuchamos susurrar la voz de la duda: “¿Verdaderamente está Dios aquí?” Las palabras del Salmo 139 responden a esa terrible voz de duda con un rotundo: “¡Sí, él está!” “Si subiera yo a los cielos, allí estás tú; si me tendiera en el sepulcro, también estás allí.  Si levantara el vuelo hacia el sol naciente, o si habitara en los confines del mar, aun allí tu mano me sostendría; ¡tu mano derecha no me soltaría!” (versículos 8-10). El mismo Dios quien nos creó nos sostiene en la palma de su mano … hoy y todos los días por venir.

PODAR LAS RAMAS Y COSECHAR

Un paseo más por la viña nos da otro paralelo spiritual a la vida. Con el cambio de las estaciones, el vinatero también cambia en la manera que él trata a su cultivo. En el frío invierno, el vinatero terrenal manipula cada planta de una manera aparentemente cruel. Él poda toda la vegetación del año pasado hasta que solo quedan la vid y una rama. Entonces él toma esa única rama, larga y delgada, la dirige hacia abajo, la amarra al enrejado, y la deja para la primavera.

A la primera señal de primavera, dientes de león y otras flores silvestres florecen rápidamente alrededor de la rama. A medida que se mueven por la brisa, parecen burlarse de la rama, que parece muerta. Cuando llega el verano, finalmente la rama florece, crece, y prospera. Ahora han brotado muchas ramas y racimos de uvas tan grandes que tres enrejados se requieren para soportar el peso de ellos.  Al final del verano, las uvas son suficientemente grandes para comer, pero no suficientemente maduras para cosechar. El vinatero pone estratégicamente pistolas de aire alrededor de las vides, porque sabe que ráfagas esporádicas de aire defenderán el cultivo de aves circundantes. Finalmente, en el otoño, cuando las hojas cambian a hermosos tonos de rojo y naranja, es el tiempo para cosechar.

Nosotros también experimentamos cambios en nuestras vidas terrenales. Enfrentamos tiempos de poda cuando caemos por el dolor. Enfrentamos tiempos de duda, persecución del mundo incrédulo, tentación, y dificultades mientras esperamos la cosecha. Sin embargo, no importa la estación, no importan las pruebas que encontremos, tenemos a Dios que nunca cambia. Aunque nuestro Vinatero celestial puede tratarnos de maneras diferentes en las diferentes estaciones, su propósito no cambia. Él siempre nos tratará de una manera que beneficia nuestro bienestar eterno, manteniéndonos cerca de él ahora y en la gloria eterna en el futuro. Tenemos su promesa: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo a su propósito” (Romanos 8:28, RVC). ¡Siempre y en todas las cosas!

Ahora, como ramas de la Vid, en este mundo pecaminoso, anhelamos la cosecha. Esperamos el día cuando el sufrimiento no exista cuando Jesús nos lleve con él a la eternidad en el cielo.

Por lo tanto, no nos desanimamos. Y aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día.  Porque estos sufrimientos insignificantes y momentáneos producen en nosotros una gloria cada vez más excelsa y eterna(2 Corintios 4:16,17, RVC).

Mientras que luchamos ansiosamente aquí en la tierra esperando nuestro glorioso futuro, permanecemos conectados a la Vid quien nos renueva de día en día.

– por Katherine Martin

© Forward in Christ. Todos los derechos reservados. Traducido y reimpreso con permiso.

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