(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Reyes 16, Juan 11:38–44)

Y el sacerdote Urías hizo todo lo que el rey Acaz le ordenó.
El rey desmontó los paneles de las bases y les quitó los lavamanos; además bajó la fuente que estaba encima de los bueyes de bronce y la instaló sobre un enlosado de piedra; y por deferencia al rey de Asiria, quitó del templo del Señor el techado que se había construido allí para celebrar los sábados, así como la entrada exterior para el rey.

—2 Reyes 16:16–18

El antiguo refrán «De tal palo, tal astilla», no es aplicable en el caso del rey Acab, ¿Por qué?

Según la Santa Escritura, los antepasados de Acaz, rey de Judá, hicieron «lo que agrada al Señor» (2 Reyes 14:3; 15:3, 34), aunque en los reinados de Amasías y Azarías «no se quitaron los altares paganos, sino que el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y quemando incienso en ellos» (2 Reyes 14:4; 15:4). Pero Acaz fue un rey apostata que promovió la apostasía del reino de Judá: 1) Cuando el rey de Asiria se había apoderado de Damasco, Acaz fue allá para felicitarle y someterse a sus órdenes. Al ver un altar que fue de su agradó, hizo tomar inmediatamente un modelo del mismo y comisionó al sumo sacerdote Urías la tarea de colocarlo en el templo, así corrompió su autoridad y profanó la corona de su sacerdocio. 2) El nuevo altar fue dedicado para ofrecer sacrificios paganos. La apostasía de Acaz fue absoluta. No sólo fomentó ritos paganos, sino que tomó parte en ellos, llegó a quemar a su primogénito como sacrificio (holocausto) tal como las naciones paganas cananeas lo hacían pecando contra Dios (2 Reyes 16:3; Deuteronomio 18:10; 20:18). Tanto cambió el culto en Jerusalén que al final el templo fue cerrado (véase 2 Crónicas 28:22–25). ¿Cómo llegó Acaz a tal estado de apostasía?

La apostasía de Judá en el reinado de Acaz no comenzó con él. Comenzó cuando sus antepasados Amasías y Azarías toleraron los altares paganos junto con la adoración verdadera. La Biblia dice: «Un poco de levadura fermenta toda la masa» (Gálatas 5:9). Tolerar la falsa doctrina en una congregación resulta en apostasía (Mateo 16:11–12; 1 Timoteo 4:1). Tolerar la falsa doctrina es un pecado contra la Palabra de Dios por el que merecemos padecer toda la ira de Dios en el infierno. Cristo vino para salvarnos y por sus méritos tenemos perdón gratuito. En gratitud vamos a querer guardarnos de la levadura (Mateo 16:12 cf. Romanos 16:17).

Oración:

Señor, sin tu gracia no puedo ser salvo. Pero en mi viejo Adán no he sido celoso de la doctrina. Por el poder del evangelio que viene a mí por tus medios de gracia concédeme amar de modo que haya en mí celo por tu palabra; fortaléceme y guárdame en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

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