—Salmo 49:7,8

Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate. (Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás)…

La vida eterna no se compra.

Podríamos pensar las veces que hemos querido tener algo y, por lo general, siempre hacemos todo lo que esté a nuestro alcance para conseguirlo.

Pueden existir varias formas de conseguir lo que queremos desde nuestro punto de vista. Una forma puede ser, si no tenemos el dinero, podemos buscar prestado para comprar lo que queremos. Otra puede ser tratando de sobornar personas para que hablen a nuestro favor o convenzan a la otra persona que me venda eso que yo quiero. Puede haber muchas otras formas que, de acuerdo a las circunstancias, se puedan emplear.

Nuestro texto dice que nadie puede pagarle a Dios por su vida ni por la de este mundo ni por la vida eterna, y es porque tanto nuestra vida acá en la tierra como la vida eterna no dependen de lo que usted y yo podamos hacer.

Conocí una persona que tenía muchas riquezas, pero al caer en enfermedad de un cáncer que lo llevó a la muerte, no pudo hacer nada para vivir más tiempo acá en la tierra, y de igual manera, su dinero no le servirá para comprarle a Dios la vida eterna, pues nuestro texto nos enseña que Dios no recibe ningún pago de nuestra parte ni de nuestro amigos o familiares por nuestra vida ni aquí ni en la eternidad.

Aunque las riquezas pueden comprar la mejor atención médica, el dinero no puede comprar un día extra de vida en la tierra. Cuando Dios nos llame de este mundo, debemos ir sin dilación. Nuestra riqueza no podrá hacer nada por nosotros en la eternidad y no nos la podemos llevar. No podemos comprar con sobornos el camino al cielo, ni escapar al infierno pagando por adelantado por nuestros pecados mientras estemos en la tierra.

Sólo un hombre pudo pagar el rescate por el pecado, y el rescate que pagó está más allá de todo precio: es un regalo de Dios, que ha sido dado gratuitamente a todos los que creen en Jesús, el hombre que Dios envió para pagar el pecado. Ese rescate fue pagado para ricos y pobres sin distinción alguna.

Oración:

Dios todo poderoso te doy gracias por la vida eterna que me das por medio de tu Hijo Jesucristo. Amén.

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