(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 29:1–20, Mateo 23:25–36)

¿TIENEN LOS MUERTOS CONSCIENCIA DE DIOS?

En la muerte nadie te recuerda;
en el sepulcro, ¿quién te alabará?

— Salmo 6:5

¿Cuál es la condición de los muertos en relación a las cosas espirituales? ¿Al morir vamos al cielo o al infierno? ¿O, simplemente quedamos en un estado inconsciencia?

El versículo de la meditación de hoy es usado por muchos para afirmar categóricamente que el pueblo de Dios de tiempos del rey David creía que en la muerte no hay consciencia de nada y que la enseñanza del cielo y del infierno es algo que surgió posteriormente. Inclusive hay quienes sostienen que el cielo y el infierno son enseñanzas paganas introducidas al cristianismo después del tiempo de los apóstoles ¿Será así?

En la Biblia hay pasajes que expresan palabras similares al de este versículo (Salmo 30:9; 88:4–6, 10–12; Isaías 38:18–19) y que tomadas fuera de contexto podrían entenderse en el sentido de que los muertos están absolutamente inconscientes. Sin embargo, la Biblia no nos da ningún derecho a interpretarla a nuestro antojo ni a acomodar sus palabras conforme a nuestras preferencias. Por esto para determinar qué es lo que realmente enseña la Biblia respecto a algún asunto es necesario encontrar el pasaje donde claramente está enseñado y confrontarlo con todos los demás textos que tratan de lo mismo. Por eso, usar este versículo sin considerar su relación con el resto del Salmo, y de toda la revelación es sacar el texto de su contexto. David escribe aquí con la angustia de una persona que experimenta la disciplina divina. En el Salmo 115:17-18 leemos «Los muertos no alaban al SEÑOR, ninguno de los que bajan al silencio. Somos nosotros los que alabamos al Señor desde ahora y para siempre». Así vemos que los muertos que no alaban al Señor son los muertos espirituales que no pueden alabarle en la eternidad porque en el infierno no habita la misericordia de Dios. David no dice que en el sepulcro no hay gozo porque para él lo peor del infierno no es el sufrimiento sino el carecer del amor divino. ¿Por qué los creyentes sí pueden alabar a Dios? Porque Jesucristo obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar de ellos para que así sean declarados justos y tengan derecho al cielo. Y, también, porque en la cruz sufrió toda la ira de Dios para que ellos no vayan al infierno. En gratitud queremos alabar al Señor ahora y por la eternidad.

Oración:

No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni el infierno tan temido. Tú me mueves, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido. Muéveme, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara y aunque no hubiera infierno, te temiera. Amén. 

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