(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 35:1–19, Mateo 25:1–5)

CUANDO TENEMOS FE EN NUESTRA FE

Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo.

—Génesis 15:6

¿Enseña la Biblia que Dios nos considera justos a causa de nuestra fe? Algunos han interpretado el texto de nuestra meditación en el sentido de que son salvos gracias a su fe. Así el decir «mí fe me ha salvado» consideran que su fe es meritoria delante de Dios. Cuando pensamos de esa manera no tenemos fe en Cristo ni en su obra redentora. En tal caso, en realidad tenemos fe en nuestra fe.

La fe verdadera es la confianza que descansa en el Señor. Tener fe es creer y confiar en Dios. Pero esa fe no es natural en el ser humano. Por el contrario, lo natural en nosotros como estirpe caída es la incredulidad, la duda, la desconfianza y la sospecha. Escrito está «no todos tienen fe» (2 Tesalonicenses 3:2). La Biblia dice que Abraham creyó a Dios, y el Señor lo reconoció como justo. Por esto enseñamos que el ser reconocidos como justos, es decir, la justificación es por la sola fe y que las buenas obras nada tienen que ver con ello: «Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige.» (Romanos 3:28). Abraham fue justificado por la fe, pero él no siempre tuvo fe. Tampoco su fe fue el resultado de haber decidido creer o haberse esforzado en creer. La fe es un don de Dios que nos es impartido mediante el evangelio. Somos salvos por causa, no de la fe, sino de la gracia, mediante la fe que nos es dada por el Espíritu Santo como un don cuando el evangelio abre nuestros oídos a la Palabra de Dios (Romanos 10:17; 1:16,17; Efesios 2:8,9). Abraham creyó porque l Palabra de Dios, en concreto el evangelio de Jesucristo, obró la fe en su corazón.

Jesús dijo «Tengan fe en Dios». No dijo «Tengan fe en la fe». La fe por sí misma no tiene poder. La gente acostumbra a decir «la fe tiene poder» o «la oración tiene poder». Pero el único que tiene poder es Dios. La fe verdadera es aquella que teme, ama y confía en Dios sobre todas las cosas. El Señor ha suministrado los medios para que un corazón incrédulo sea un corazón creyente. A esos medios denominamos «medios de gracia». Es el evangelio contenido en los medios de gracia el que lleva la fe al corazón del hombre. De ahí la importancia de mantener puro el evangelio y la necesidad de anunciarlo. Como está escrito: «¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? (Romanos 10:14)

Oración:

Señor, confieso que por mi propia razón o elección no puedo creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a él. Sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con sus dones, me ha santificado y guardado en la fe verdadera. Te suplico me concedas el denuedo para predicar tu Palabra a fin de alcanzar con la fe a quienes comparten mi entorno. Amén.

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