ARREPENTIMIENTO: UNA MANERA DE VIVIR

En la primera de sus 95 Tesis, Martín Lutero escribió: «Cuando nuestro Señor Jesucristo dijo, “Arrepiéntanse” (Mateo 4:17), su voluntad es que toda la vida de los creyentes sea de arrepentimiento».

Arrepentimiento es una palabra que a menudo se usa mal y se malentiende, si se usa como lo usa cada vez más el mundo secular. Para muchos, arrepentimiento es sencillamente admitir su falta y reconocer que usted está actuando equivocadamente; significa lamentarse por el mal que usted ha hecho; significa asumir la responsabilidad del error y prometerse a usted y a otros que no lo volverá a hacer. Y una vez que la corrección se ha hecho, el arrepentimiento es completo, y las personas continúan hasta la próxima vez que ellas hacen algo malo.

Para nosotros los cristianos, el arrepentimiento es mucho más que reconocer nuestras fallas, decir lo siento, y tratar de ser mejor. Es mucho más que emocionalmente «dolerse» por lo que hemos hecho. Para quienes conocemos a Cristo, el arrepentimiento no es solo algo que hacemos de vez en cuando. Es más bien una continua reflexión y demostración de quiénes somos. El arrepentimiento es una manera de vivir. El arrepentimiento es nuestra vida como hijos de Dios. Lutero reconoció eso cuando él escribió la primera de las declaraciones que iniciaron la Reforma Luterana.

El arrepentimiento es el continuo sincero reconocimiento que somos pecadores por naturaleza y por lo que hacemos. Esta es la verdad que reconocemos en silencio en nuestras oraciones personales y públicamente en nuestros servicios de adoración pública: “Santo y misericordioso Padre, confieso que por naturaleza soy pecador, y que te he desobedecido en mis pensamientos, palabras, y acciones” (Adoración Cristiana, en inglés, p. 26).

Pero el arrepentimiento cristiano no termina con pesar por el pecado o admitir la culpa. El genuino arrepentimiento sucede solo en quienes, por la gracia de Dios, conocen el remedio a sus fallas. El genuino arrepentimiento es comenzado en nosotros por el duro pronunciamiento de la ley de Dios; y es seguido por la alegre y confiada fe dada por Dios en el Salvador quien tomó esa culpa sobre sí mismo en la cruz. El arrepentimiento genuino primero es cargado por la culpa, luego es librado de la culpa por el Salvador crucificado, y entonces continúa mostrándose en la alegre buena disposición para vivir para quien vivió y murió por nosotros.

Cada año, por esta época, nos detenemos para celebrar la estación de Cuaresma. Durante seis semanas seguimos a nuestro Salvador en la vía a la colina en las afueras de Jerusalén. A la Cuaresma apropiadamente se la llama la estación del arrepentimiento, un tiempo en el cual la realidad de nuestros pecados nos golpea, pero también el tiempo cuando recordamos las profundidades del amor del Salvador y el sacrificio que él hizo para salvarnos. ¡Qué bendición es celebrar esta estación de Cuaresma que nos guía a los tres aspectos del verdadero arrepentimiento: (1) sincero pesar y confesión del pecado; (2) fe en el Salvador quien fue a la cruz; y (3) el renovado y alegre deseo de vivir para quien vivió, murió, y resucitó por nosotros!

Es bueno considerar la Cuaresma como la estación del arrepentimiento. Pero debido a lo que el Cordero de Dios ha hecho, el arrepentimiento piadoso continuará en el pueblo de Dios todo el tiempo después de que pase la Cuaresma. Después de todo, el arrepentimiento no es solo algo que hacemos, es una continua forma de vida, es toda nuestra vida.

– por Mark G. Schroeder

© Forward in Christ. Todos los derechos reservados. Traducido y reimpreso con permiso.

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