De la Navidad a la Cruz

Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley,  para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley.

— Gálatas 4:4,5

¿Cómo está su árbol de Navidad? Si en su familia usan un árbol artificial y si usted es un poco indeciso, es posible que todavía esté recogiendo polvo en el depósito. Pero si usted es tradicionalista como yo, que cada año quiere tener un árbol de verdad, usted sabe que mantener la base del árbol con agua solo pospondrá lo inevitable. Después de unas pocas semanas el verde comienza a desaparecer y las agujas comienzan a caerse, y a lo que queda del árbol antes tan esplendoroso hay que quitarle las decoraciones y sacarlo para la basura.

UN PROPÓSITO SECUNDARIO

Aunque los bomberos disuaden a las iglesias para que no pongan grandes árboles naturales en sus santuarios, algunas iglesias se han aferrado a esa tradición. Y después de la estación de Navidad, esas congregaciones siguen otra tradición que comenzó varios siglos atrás.

En lugar de sacar el árbol y cortarlo en pedazos para la chimenea, cortan las ramas con cuidado y dejan sólo el tronco. El tronco sin ramas se corta en dos pedazos y se unen para formar una cruz. Durante la estación de Cuaresma se trae la cruz hecha del árbol de Navidad.

Los cristianos queremos ser buenos mayordomos de los recursos que el Señor nos ha dado, pero cuando se usan los árboles de Navidad convirtiéndolos en cruces de Cuaresma, no solamente están siendo ahorrativos. Cuando ellos ven esa cruz en la iglesia se acuerdan de que Jesús nació en este mundo por una razón y solo por una razón.

UN PROPÓSITO ÚNICO

En su carta a los Gálatas, Pablo explica cuál es la razón: “Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley, para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley”. Jesús nació en este mundo por un único propósito. Él nació para morir, para morir por nosotros, para redimirnos, es decir para “comprarnos” para Dios.

Los consumidores saben una cosa o dos acerca de comprar cosas, y cuando cada mes se vence la fecha de pago de nuestras tarjetas de crédito, se nos recuerda que cada compra que hacemos tiene un costo. Pero no existe plan de pago que nos permita pagar la deuda que tenemos con Dios. No hay límite de crédito que pueda acercarse al precio que Jesús pagó para liberarnos de nuestros pecados, él ofreció su preciosa vida.  Jesús sacrificó su vida por nosotros por una única razón: él nos ama.

Vemos ese amor en el pesebre, donde humildemente nació el Rey de gloria. El mismo amor fue mostrado en la cruz, donde el sin pecado Hijo de Dios le pidió a su Padre que perdonara a sus enemigos y donde Jesús entregó su vida para perdonarnos, rescatarnos, y redimirnos.

Durante los años mi familia ha coleccionado docenas de ornamentos de Navidad. Cada uno tiene su propia historia. Cada uno tiene significado especial. Pero mi ornamento favorito es una larga espiga metálica con una cinta roja, porque cada vez que la retiro del árbol y la empaco por otro año, me recuerda que la Navidad no es el final. Para Jesús, la Navidad fue el comienzo, y su amor por mí lo condujo a la cruz.

Editor contribuyente Steven Pagels es pastor de la iglesia San Mateo, en la ciudad de Oconomowoc, estado de Wisconsin, EEUU.

© Forward in Christ. Todos los derechos reservados. Traducido y reimpreso con permiso.

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