El Regalo Perfecto

En esta época del año, usted puede estar preguntándose: “¿Qué le puedo regalar a alguien que parece tenerlo todo?” Personas creativas pueden llegar a tener respuestas. A algunos de nosotros nos falta esa creatividad, y batallamos para encontrar la respuesta. Al final nos damos por vencidos y regalamos un certificado de pago a algún almacén.

Hay otra pregunta para que consideremos durante el tiempo de Navidad: “¿Qué regalarla a una persona que no tiene nada?” ¿Cuál es el regalo perfecto a alguien que es completa y absolutamente pobre e indigente? ¿Dónde comenzar? ¿No sería bueno comenzar regalándole primero la cosa más importante?

Eso es exactamente lo que Dios hizo con nosotros. El séptimo día, cuando Dios vió su creación completa, perfecta en cada detalle, él confirmó su perfección. El dador de todo, le dio al hombre y la mujer, quienes eran la corona de su creación, todo lo posible que ellos pudieran querer o necesitar. No pasó mucho tiempo antes de que su mundo perfecto fuera dañado. Adán y Eva buscaron equivocadamente algo aparentemente mejor que lo que Dios les había dado, se apartaron de Dios y se fueron por su propio camino. Ese camino los condujo a la muerte, a la desesperación, y a la completa y absoluta pobreza. Ellos dos despreciaron el amor ilimitado que Dios les había dado y por eso terminaron con nada.

El Dios misericordioso creo todo para que sus criaturas lo tuvieran y disfrutaran. Ahora él intervendría para darle el regalo perfecto a su pueblo, quienes no tenían absolutamente nada. Este sería el regalo perfecto porque sería la cosa más importante que ellos necesitaban. Él prometió enviar la simiente de la mujer para restaurar la alegría, la perfección, y la paz, que se les había dado antes, pero que habían despreciado y desechado.

Martín Lutero dijo: “Somos mendigos.” Independientemente de los saldos en nuestras cuentas bancarias, el tamaño de nuestras casas bien amobladas, los carros en nuestros garajes, y los talentos y habilidades que tengamos, por nosotros mismos, delante de Dios realmente somos personas que no tenemos nada: nada bueno, nada noble, nada digno de recompensa. Si hacemos un inventario honesto de nuestro estado espiritual sin Cristo, haremos eco de las palabras de Pablo y confesaremos que somos los peores de los pecadores. No somos nada, somos mendigos.

Nuestro misericordioso Padre celestial nos ama con el mismo amor con que amó a nuestros primeros padres cuando se escondían en el jardín. Él sabe que no merecemos nada. Él sabe que no podemos hacer nada para cambiar algo. Pero con amor y cuidado por nosotros, antes de ser engendrados, él nos guía hacia la misma simiente de la mujer que él prometió a Adán y Eva. Él dirige nuestra atención a quien vino no solo para restaurar la perfección a la creación arruinada sino también para restaurar la perfección a usted y a mí. Él nos invita a arrodillarnos con los pastores al lado de la cuna más grandiosa. Él nos guía a escuchar las voces de los ángeles quienes anunciaron el nacimiento del regalo perfecto de Dios. Él nos guía a leer su Palabra donde escuchamos acerca de su Hijo amado. Por el poder de su Espíritu, él nos guía a la cruz donde su Hijo murió por nosotros los mendigos.

Podemos tener dificultad para decidir qué regalarle a alguien. Nuestro Dios misericordioso no tiene esa dificultad. Él sabe exactamente qué darle a nosotros los pecadores necesitados: el regalo perfecto para las personas que no tenemos nada. Ahora, el regalo perfecto nos hace personas que lo tenemos todo.

Mark G. Schroeder

© Forward in Christ. Todos los derechos reservados. Traducido y reimpreso con permiso.

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